En una operación militar de alto riesgo y precisión quirúrgica, el gobierno de los Estados Unidos ha logrado capturar y entregar a la justicia estadounidense al dictador venezolano Nicolás Maduro. Esta acción, bautizada con el nombre clave "Operación Némesis" por el Estado Mayor Conjunto de los EE. UU., es el resultado de una decisión política del presidente Donald Trump y el trabajo previo de agentes de inteligencia infiltrados en Venezuela.
La operación requirió el despliegue de unidades navales que bloquearon el tráfico marítimo, la intervención de una fuerza aérea que obtuvo la supremacía, y el uso de unidades tácticas de élite transportadas en helicópteros para neutralizar las defensas antiaéreas y aeropuertos militares venezolanos. Finalmente, las fuerzas especiales estadounidenses lograron capturar a Maduro y extraerlo del país para que responda a los cargos por narcotráfico en tribunales de Estados Unidos.
Esta acción unilateral del gobierno de Trump ha generado una fuerte división en la comunidad internacional. Algunos países apoyan la operación y argumentan que Maduro es el jefe del cartel de los Soles, mientras que otros condenan la violación a la soberanía de Venezuela. Queda claro que esta no será la última vez que Washington recurra a este tipo de operaciones contra líderes políticos acusados de vínculos con el narcotráfico en la región.
El presidente estadounidense justifica estas acciones militares en el exterior bajo un entramado jurídico que autoriza la persecución, captura y juzgamiento de narcotraficantes y terroristas, incluso fuera del territorio de EE. UU., cuando representan una amenaza directa. Esto se enmarca en la "Doctrina Monroe" de 1823, el "Corolario Roosevelt" de 1904 y la política "América Primero" de Donald Trump, que buscan consolidar la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano.
Para Ecuador, este tipo de operaciones representa un riesgo latente, dado que el crimen organizado internacional y el narcotráfico siguen siendo amenazas prioritarias para la seguridad nacional. El país debe estar preparado y mantener una política de relaciones internacionales cautelosa, que le permita navegar en este complejo escenario geopolítico.


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