La estimulación cerebral profunda (ECP) es una técnica cada vez más utilizada para tratar trastornos neurológicos como el Parkinson, pero los científicos también investigan su potencial para mejorar la memoria y otras funciones cognitivas.
La ECP consiste en implantar quirúrgicamente un generador de pulsos bajo la piel, generalmente debajo de la clavícula, que se conecta a electrodos insertados en áreas cerebrales específicas. Estos dispositivos envían pequeñas descargas eléctricas que ayudan a restablecer la señalización cerebral normal.
Si bien la ECP se ha utilizado durante años para aliviar síntomas del Parkinson, como temblores y problemas de movilidad, los expertos ahora exploran su impacto en otros síntomas como la depresión, la ansiedad y los problemas de memoria.
"Hay muchos más síntomas que solo temblores y problemas de movilidad", afirma la Dra. Lucia Ricciard, de la Universidad City St George de Londres. "Incluyen síntomas como depresión, ansiedad, falta de motivación, problemas de memoria y dificultades para dormir".
Los investigadores han realizado experimentos prometedores con la llamada "prótesis neural hipocampal", que implica implantar electrodos dirigidos específicamente al hipocampo, la región cerebral clave para la memoria. En pruebas con personas con epilepsia, se observó una mejora del 25% al 35% en la capacidad de retener información.
Sin embargo, la tecnología aún no está completamente desarrollada y existen importantes consideraciones éticas y riesgos quirúrgicos que deben evaluarse cuidadosamente. Además, los expertos advierten que aún no hay suficiente información para determinar si se podría mejorar la memoria y cognición más allá de los niveles normales.
A medida que la investigación avanza, la estimulación cerebral profunda podría ofrecer nuevas esperanzas para quienes sufren de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Pero también plantea interrogantes sobre hasta dónde deberíamos intervenir en el funcionamiento del cerebro humano.










