Francisco Esteban Bara, catedrático de Filosofía de la Educación en la Universitat de Barcelona (UB), es uno de los principales divulgadores sobre el presente y el futuro de la educación superior en España. En su más reciente libro, "La universidad de las narices", el profesor tira de humor y sarcasmo para diseccionar la formación universitaria y concluir que las facultades están dejando de ser "templos del saber".
Esteban Bara, autor de otros títulos como "La universidad light" y "Universitarios, lo que son y lo que dicen ser", lamenta que cada vez más estudiantes llegan a la universidad con una expectativa de "tener un título y poco más", mientras que las propias instituciones fomentan esa visión reducida al fomentar la "empleabilidad" por sobre la transmisión de conocimientos, verdades, bellezas y bondades.
"Para ellos, la universidad ha debido ser un lugar de paso donde uno entra como ha salido. Pero no me extraña nada. Hace un tiempo, estábamos en un debate y un estudiante explicó que la sociedad actual era Sodoma y Gomera. Había unos 60 estudiantes y ninguno frunció el ceño", relata el catedrático, quien acostumbra a preguntar a sus alumnos de primer año por los premios Nobel que conocen, sin que sepan responder.
Esteban Bara considera que esta realidad es responsabilidad de "todos un poco": los estudiantes, los profesores y el propio sistema universitario, que ha priorizado la formación técnica y profesional por sobre la formación integral del individuo. "La universidad no sirve solo para encontrar trabajo. Sobre todo sirve para aprender a ver el mundo de otra manera y para sentir la responsabilidad de ponerlo patas arriba, para convertirlo en algo más humano y humanizador", subraya.
Ante este panorama, el catedrático de la UB propone recuperar el "espíritu universitario", con docentes que se "dejen la vida" leyendo e investigando cada día, y que logren transmitir a los estudiantes el interés por el saber, la belleza y la bondad, más allá de la mera empleabilidad. De lo contrario, advierte, la universidad podría terminar pareciéndose a "una autoescuela que certifica que uno ha aprendido a circular por determinadas y concretas profesiones".










