La muerte de Joyce Carol Vincent es una de las historias más desgarradoras y conmovedoras que se han conocido en las últimas décadas. Esta mujer británica de 38 años falleció sola en su departamento en Londres en diciembre de 2003, pero su cuerpo no fue encontrado hasta dos años después, en enero de 2006.
Los hechos son estremecedores. El 25 de enero de 2006, la policía londinense y funcionarios de una asociación de viviendas británica entraron por la fuerza a un departamento del barrio de Wood Green, al norte de Londres, con la intención de desalojar a sus ocupantes y hacerse cargo de esa propiedad que acumulaba una deuda de dos años.
Lo que hallaron los dejó helados: sentado en un sillón, frente a un televisor encendido al igual que la calefacción, estaba el esqueleto de Joyce Carol Vincent. Según los cálculos, la mujer había muerto allí mismo en diciembre de 2003, y durante todo ese tiempo nadie la había extrañado, buscado o encontrado.
Las causas de su muerte nunca se supieron porque no había tejido alguno para analizar. El sistema legal daba por hecho que la inquilina vivía porque las cuentas comunes, agua, luz, gas y lo que fuere, eran pagadas con puntualidad gracias a un subsidio estatal. La lógica brutal de la indiferencia revela algo estremecedor: mientras pagues las cuentas, estás vivo, aunque estés muerto.
Pero la indiferencia de los vecinos también jugó un papel fundamental en este trágico desenlace. Ellos creyeron que el departamento estaba desocupado y que los olores que despidieron el cuerpo de Joyce durante los meses de su descomposición, llegaban de unos contenedores de basura que apestaban el barrio. Nadie creyó molesto el ruido permanente de un televisor encendido durante dos años.
Joyce Carol Vincent era una mujer británica de 38 años, hija de padres inmigrantes de Granada. Su madre había fallecido cuando ella era una niña de 11 años, y mantuvo siempre una tensa relación con su padre. Según los testimonios, era una mujer que había pasado tan inadvertida en vida como en su muerte.
La policía dictaminó que se trataba de una muerte natural, ya que no había rastros, huellas, ni vestigios de violencia en el departamento. Lo único que podía ser descifrado de su aciago destino era la deuda de alquiler que había llevado a las autoridades hasta el escenario de su muerte.
Esta trágica historia retrata de una manera cruda la indiferencia y el abandono que pueden sufrir algunas personas, incluso en pleno corazón de una gran ciudad como Londres. El caso de Joyce Carol Vincent conmociona por la soledad y el olvido en el que murió, sin que nadie se percatara de su ausencia durante dos largos años.










