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Fallece Aldrich Ames, el topo de la CIA que desató el mayor descalabro de la inteligencia estadounidense

Fallece Aldrich Ames, el topo de la CIA que desató el mayor descalabro de la inteligencia estadounidense
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Aldrich Hazen Ames, el agente de la CIA que protagonizó el mayor escándalo de espionaje en la historia de las agencias de inteligencia estadounidenses, falleció el pasado 5 de enero de 2026 en la prisión federal de Cumberland, Maryland, a los 84 años de edad. Su muerte cierra un capítulo de traición a Estados Unidos que se tejió entre los pasillos de la CIA y las tertulias del norte de Bogotá.

La historia de Ames es una trama de deudas, ambición y pasión. En 1982, mientras trabajaba en la CIA, conoció en Ciudad de México a María del Rosario Casas Dupuy, una filósofa colombiana que ejercía como agregada cultural en la Embajada de Colombia. Casas Dupuy, proveniente de una familia de la élite intelectual de Bogotá, se convirtió en la pareja de Ames y en el catalizador de sus ansias de lujo.

Agobiado por deudas y presiones económicas, Ames concibió un "juego de estafa" que lo llevaría a traicionar a su país. Como oficial de contrainteligencia, tenía acceso a información confidencial sobre agentes soviéticos que colaboraban con Estados Unidos. En 1985, Ames entró en la embajada soviética en Washington y entregó una lista de estos agentes, desatando una purga en Moscú.

A partir de entonces, Ames se convirtió en un activo permanente de la KGB dentro de la CIA. En lo que se conoce como el "Big Dump", sacó de la sede de la agencia entre cinco y siete libras de cables clasificados, entregando a Moscú información vital sobre las capacidades de defensa, programas técnicos y redes aliadas de Estados Unidos. Decenas de agentes soviéticos fueron arrestados y ejecutados, y miles de documentos confidenciales fueron comprometidos.

El dinero fluyó rápidamente hacia Ames. En poco tiempo, había cobrado 1,8 millones de dólares y tenía otros 900,000 reservados en Moscú. El lujo se apoderó de su vida: pagó 540,000 dólares en efectivo por una casa en Arlington, Virginia, sostuvo facturas telefónicas de 5,000 dólares mensuales y adquirió dos Jaguares en tres años.

La ceguera institucional de la CIA y el FBI, que aceptaron la coartada de que el dinero provenía de una herencia de Casas Dupuy, permitió que la traición de Ames se prolongara por casi una década. Fue finalmente en 1994 cuando el FBI logró detener a la pareja en Arlington, mientras se dirigían a la oficina.

Ames negoció un acuerdo de culpabilidad para proteger a su esposa y a su hijo, aceptando revelar cada nombre vendido y cada operación comprometida. Fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, mientras que Casas Dupuy recibió una pena de cinco años y tres meses de prisión por conspiración para cometer espionaje y evasión de impuestos.

La muerte de Aldrich Ames cierra un capítulo oscuro de la historia de la inteligencia estadounidense, marcado por la traición de uno de sus propios agentes y el alto precio pagado por la nación que juró proteger.

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