El sistema eléctrico de Ecuador enfrenta una situación crítica debido a la obsolescencia de su parque de generación térmica. Según datos oficiales, un total de 578,28 megavatios (MW) provenientes de centrales antiguas están en riesgo por haber superado su vida útil o estar muy cerca de hacerlo.
Muchas de estas plantas fueron diseñadas para operar entre 20 y 25 años, pero han duplicado ese tiempo de servicio. Ejemplos claros son la central Gonzalo Cevallos, en Guayas, con unidades de 51 y 46 años de funcionamiento, y la central Esmeraldas I, que ya suma 42 años de operación.
Esta longevidad excesiva complica el mantenimiento, pues conseguir repuestos para máquinas tan antiguas es una tarea casi imposible en el mercado actual. El Operador Nacional de Electricidad (Cenace) ha advertido que la falta de una renovación oportuna del parque térmico pasa factura durante las épocas de sequía, cuando el país depende de estas plantas de combustible para compensar la falta de agua en las hidroeléctricas.
"El estado actual de las unidades térmicas, muchas de ellas operando fuera de su período de vida útil, incrementa la probabilidad de salidas imprevistas del sistema", señala el reporte técnico. Esto significa que, en cualquier momento, una avería en estas centrales viejas podría dejar a oscuras a más sectores del país.
Para mitigar este riesgo, el Gobierno ha planteado la necesidad de nuevas contrataciones de energía de emergencia. Sin embargo, los expertos coinciden en que la solución de fondo requiere de una actualización estructural del parque de generación térmica.
Los 578,28 MW en riesgo representan una cifra significativa que el sistema eléctrico ecuatoriano no puede permitirse perder, especialmente en un contexto de sequía y baja capacidad de las hidroeléctricas. La renovación del parque térmico se ha vuelto una prioridad urgente para evitar posibles apagones a gran escala.











