La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero de 2026 ha desatado una serie de interrogantes sobre las implicaciones geopolíticas de este hecho sin precedentes. Más allá de la caída de un régimen autoritario, esta acción pone en jaque los principios del orden internacional establecido desde la posguerra.
La operación, ejecutada por la Fuerza Delta del ejército de EEUU, el FBI y la DEA, se realizó bajo el argumento de hacer cumplir una orden judicial de un juez de Nueva York. Sin embargo, desde el punto de vista del derecho internacional, esta intervención constituye una flagrante transgresión a normas como la soberanía nacional, la no injerencia en asuntos internos y la inmunidad de un jefe de Estado.
Estas normas, consagradas en la Carta de las Naciones Unidas, han sido el pilar del sistema internacional durante las últimas ocho décadas, manteniendo una relativa estabilidad global. Pero el gobierno de Donald Trump parece haber optado por priorizar la seguridad y los intereses económicos de Estados Unidos por sobre el respeto a ese orden multilateral.
La "Estrategia de Seguridad Nacional 2025" publicada por la administración Trump a finales de 2020 marca un giro radical en la política exterior estadounidense. El documento establece al hemisferio occidental como prioridad absoluta, buscando contener la influencia de China, Rusia e Irán en la región. Además, enfatiza la protección de las cadenas de suministro críticas y el control de los flujos migratorios irregulares.
En este contexto, la captura de Maduro parece responder más a objetivos geopolíticos y económicos que a la restauración de la democracia en Venezuela. Según analistas, el principal interés de EEUU sería recuperar el control sobre las reservas de petróleo del país, sin importar demasiado la naturaleza del régimen político que lo reemplace.
"Lo esencial parece ser recuperar el petróleo (de paso tal vez también otras riquezas). Y que el sistema político venezolano siga como sus gobernantes o los venezolanos quieran, mientras no amaguen o entorpezcan alcanzar los objetivos centrales de asegurar el petróleo para las empresas privadas de EEUU", señala un analista citado en el texto.
Esta nueva lógica de "América para los americanos" que estaría adoptando Washington, podría marcar el fin del multilateralismo y obligar a los países de la región a elegir entre la influencia de EEUU o la de China, que también busca expandir su dominio en Latinoamérica.
Algunos expertos ven en estos hechos el preludio de un nuevo orden mundial, en el que las grandes potencias se repartirían esferas de influencia, sin respetar necesariamente las normas internacionales. "Se trata de líderes que se saltan las reglas de aquel orden internacional de posguerra, para los cuales las normas son un referente lejano que tomar o dejar a conveniencia. La ley de los más fuertes", advierte un analista.
En este escenario incierto, la captura de Maduro podría ser solo el comienzo de una reconfiguración geopolítica más amplia, en la que el multilateralismo cede paso a un mundo cada vez más fragmentado y dominado por los intereses particulares de las grandes potencias. Un mundo que, para algunos, se asemeja peligrosamente a una distopía.










