Aldrich Ames, uno de los informantes más notables dentro de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, ha fallecido a los 84 años mientras cumplía una condena de cadena perpetua en una prisión de Maryland. Ames, quien había sido sentenciado por entregar información confidencial al gobierno soviético y posteriormente a Rusia, murió en prisión, según informó el medio Politico.
La carrera de Ames como espía se remonta a 1985, cuando comenzó a colaborar con los servicios soviéticos. Durante su desempeño en la División para la URSS y el Este de Europa en la sede central de la CIA en Langley, Ames entregó información clasificada sobre empleados de la CIA y el FBI a un diplomático soviético, a cambio de una compensación inicial de 50.000 dólares.
A lo largo de sus años como espía, Ames recibió pagos que ascendieron a 2,5 millones de dólares a cambio de los servicios prestados al KGB y, más adelante, al Servicio de Seguridad Federal ruso. Este flujo de dinero facilitó la adquisición de bienes y un estilo de vida que llamó la atención de las autoridades estadounidenses, lo que finalmente llevó a su detención en 1994.
La entrega de información por parte de Ames permitió la identificación y posterior ejecución de decenas de agentes dobles occidentales por parte de las autoridades soviéticas, lo que resaltó la gravedad de sus acciones y la magnitud de los daños causados tanto a la CIA como a sus colaboradores internacionales.
El caso de Aldrich Ames se mantuvo como central en los debates sobre fallas de seguridad interna y motivó revisiones profundas en los protocolos de control y vigilancia de personal dentro de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Su fallecimiento pone fin a la historia de uno de los casos de espionaje más significativos en la relación entre Estados Unidos y Rusia tras la Guerra Fría.
Según las autoridades penitenciarias federales, la razón precisa de la muerte de Ames se determinará una vez completados los análisis forenses. Aldrich Ames, quien llegó a dominar el idioma ruso y profundizó en el estudio de las estructuras del KGB y otros servicios de inteligencia de Moscú, reconoció durante su juicio tanto la extensión de su colaboración como el móvil económico de sus decisiones.












