Los líderes autoritarios del mundo se han enfrascado en un intercambio de acusaciones, evidenciando la creciente tensión entre regímenes que socavan el orden democrático global. Por un lado, el presidente chino Xi Jinping ha criticado duramente las "prácticas de intimidación hegemónica" del expresidente estadounidense Donald Trump, particularmente por el asalto al Capitolio y el intento de mantenerse en el poder.
Por su parte, Trump ha señalado que Xi Jinping ha abolido la limitación de mandatos en China, buscando perpetuarse en el poder. Asimismo, le ha cuestionado el secuestro del dictador venezolano Nicolás Maduro, a quien Trump considera un "dictador".
Esta disputa entre los dos líderes más poderosos del mundo refleja la creciente polarización y el debilitamiento de los principios democráticos a nivel global. Ambos mandatarios han sido acusados de socavar instituciones, perseguir a la oposición y concentrar el poder en sus manos.
La crítica de Xi Jinping a Trump por el asalto al Capitolio parece ser una estrategia para desviar la atención de sus propias prácticas autoritarias en China. Sin embargo, el reclamo de Trump sobre la intención de Xi de mantenerse indefinidamente en el poder también tiene fundamento, dado que el líder chino logró eliminar la limitación de mandatos.
Esta disputa entre los dos líderes más influyentes del mundo pone en evidencia la fragilidad del orden internacional y la necesidad urgente de fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas y el respeto a los derechos humanos a nivel global. La confrontación entre estos dos regímenes autocráticos amenaza con profundizar aún más la crisis de la democracia a nivel mundial.












