La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marca un giro trascendental en la política exterior estadounidense hacia América Latina. Bajo la denominada "Doctrina Donroe", la Casa Blanca ahora trata al hemisferio occidental como una zona de influencia exclusiva, donde la soberanía de los países tiene poco valor y las intervenciones militares se vuelven un instrumento legítimo de política exterior.
El artículo analiza cómo el presidente Donald Trump ha adoptado una estrategia de demostración de fuerza a través de operaciones militares quirúrgicas y de alto impacto, como el ataque que eliminó al general iraní Qasem Soleimani o la reciente captura de Maduro. Estas acciones, más que responder a una estrategia de largo plazo, buscan generar un espectáculo mediático y un clímax de poder y victoria para el público interno estadounidense.
Esta nueva doctrina implica un profundo desplazamiento del centro de la disputa, del campo de la estrategia al campo de la percepción. El uso de la fuerza ya no sirve solo para anexar territorios o cambiar presidentes, sino para moldear la forma en que los líderes políticos de la región perciben el riesgo de enfrentarse a Estados Unidos.
Ante este escenario, los expertos advierten que la peor reacción sería una respuesta emocional o teatral, que solo terminaría confirmando la narrativa de inestabilidad que Trump busca proyectar. En su lugar, los países de la región deben prepararse psicológica e institucionalmente, desarrollando capacidades de respuesta rápida, coordinación interinstitucional y una estrategia comunicacional sólida que les permita reducir el impacto del "espectáculo" y elevar el costo político de una eventual acción estadounidense.











