Pese a contar con las mayores reservas de petróleo del mundo, el crudo de Venezuela presenta una serie de características que lo hacen difícil de refinar y transportar. Es un petróleo muy pesado, con alta densidad y contenido de azufre, que requiere un procesamiento adicional para diluirlo o refinarlo en instalaciones especializadas.
Venezuela dispone de diversos tipos de crudo: extrapesado, pesado, mediano y liviano, lo que le otorga un gran potencial para satisfacer las demandas del mercado internacional. Sin embargo, este petróleo "de mala calidad" representa el 17,5% de las reservas mundiales, unos 303.000 millones de barriles.
Las mayores reservas se concentran en la Faja del Orinoco, donde existen grandes depósitos de crudo pesado y extrapesado que está enterrado a mayor profundidad. Pero es difícil de transportar porque en su mayor parte es un crudo muy pesado que tiene un alto contenido de azufre, lo que corroe tuberías metálicas y dificulta su manejo.
Todo ello, unido a las sanciones a Venezuela y a la falta de buques adecuados, ha generado problemas de almacenamiento y transporte. Este petróleo necesita un procesamiento para tener una calidad transportable y refinable, un proceso que eleva los costes y requiere de una infraestructura en condiciones.
Según el profesor de EAE Business School Javier Rivas, la infraestructura del país está muy deteriorada y ya en 2023 se calculaba que era necesaria una inversión de US$250.000 millones para adecuarla y que la producción vuelva a los 3 millones de barriles diarios que llegó a alcanzar el país, frente a los aproximadamente 700.000 barriles actuales.
Hasta los años 90 del pasado siglo, estas infraestructuras eran muy avanzadas, pero con el chavismo y la nacionalización de la industria quedaron obsoletas y sin capacidad de refinado o de realizar labores de procesamiento que permitan su traslado.
Ahora se abren dos escenarios: o se repara la infraestructura petrolera del país a medio y largo plazo, o se lleva este petróleo en buques especializados a Florida (EEUU), que tiene capacidad de refino, una opción que no sería deseable para Venezuela.
Con las mayores reservas del mundo, la producción del país está estancada. Venezuela lleva años sometida a sanciones económicas y depende en gran medida de la llamada 'flota fantasma' para exportar su petróleo, que se dirige en buena parte a China.
Según el economista Philippe Waechter, de Ostrum (filial de Natixis IM), si Estados Unidos toma el control de Venezuela y las sanciones sobre las exportaciones de petróleo se levantan, la producción se reanudará, acentuando la oferta de crudo en el mercado mundial, con lo que el precio del petróleo bajará.
Por su parte, el economista José Manuel Marín Cebrián, fundador de Fortuna SFP, agrega que, tras años de sanciones, deterioro institucional e infraestructuras obsoletas, el riesgo inmediato no está en una nueva caída de la producción, ya deprimida, sino en el colapso logístico.
El mercado no teme tanto la escasez física de petróleo como la imposibilidad de moverlo. Seguros marítimos, incertidumbre regulatoria, potenciales bloqueos en terminales y dudas sobre la vigencia contractual introducen una prima de riesgo geopolítico que se traslada al precio del barril.
"La reconstrucción de la capacidad productiva venezolana llevará años pero la tensión en precios es inmediata", agrega Marín Cebrián.
Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano, ha explicado que las sanciones impuestas a Venezuela dificultaron la importación de los diluyentes necesarios, a lo que se unió la salida de la inversión extranjera, aunque sigue vigente una licencia de la petrolera estadounidense Chevron.
Escribano espera que a partir de ahora las petroleras internacionales vuelvan a Venezuela y se hagan cargo de esta nueva política.











