El caso Dreyfus fue uno de los mayores escándalos judiciales de la historia de Francia. En 1894, el capitán Alfred Dreyfus, un ingeniero politécnico de origen judío, fue acusado y condenado por espionaje a favor de Alemania, a pesar de ser completamente inocente.
La condena de Dreyfus estuvo marcada por una abrumadora ola de antisemitismo y nacionalismo en la Francia de la Tercera República. Las pruebas en su contra fueron falsificadas y el verdadero culpable, el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy, fue encubierto por los altos mandos militares.
En una ceremonia humillante en 1895, Dreyfus fue degradado públicamente en la Escuela Militar de París, ante una multitud que lo creía un traidor. Gritó su inocencia, pero nadie lo escuchó. Fue enviado a la prisión de la Isla del Diablo en la Guayana Francesa, donde pasaría los siguientes 12 años de su vida.
La familia de Dreyfus y un grupo de intelectuales, encabezados por el escritor Émile Zola, emprendieron una ardua campaña para probar su inocencia y lograr su rehabilitación. Zola publicó su famoso artículo "¡Yo acuso!" denunciando la conspiración contra Dreyfus, por lo que fue juzgado y condenado.
Finalmente, en 1906, después de dos juicios y una indultada, Dreyfus fue oficialmente rehabilitado y reintegrado al ejército francés. Sin embargo, la mancha de la injusticia que sufrió jamás pudo borrarse de su memoria. El caso Dreyfus reveló las profundas divisiones y el autoritarismo que aquejaban a la Tercera República francesa.












