La izquierda política en América Latina y otras partes del mundo ha sido históricamente incapaz de distanciarse por completo de regímenes autoritarios y dictatoriales, según expertos consultados. Este fenómeno se evidencia una vez más en el caso de Nicolás Maduro y Venezuela.
A pesar de las graves violaciones a los derechos humanos y el deterioro democrático en Venezuela bajo el gobierno de Maduro, amplios sectores de la izquierda política se han mostrado renuentes a condenar abiertamente al régimen venezolano. Esta actitud refleja una tendencia que se remonta décadas atrás, cuando líderes e intelectuales de izquierda justificaron o minimizaron los abusos de dictadores como Fidel Castro, Daniel Ortega y otros.
"La izquierda radical siempre ha tenido dificultades para romper con los liderazgos autoritarios, incluso cuando estos se vuelven cada vez más represivos y antidemocráticos", afirma el politólogo Javier Corrales, experto en América Latina. "Hay una especie de lealtad ideológica que les impide ser críticos con ciertos regímenes, sin importar cuán dañinos sean para su población".
Este fenómeno no se limita a Latinoamérica. En España, por ejemplo, el partido de izquierda Podemos ha sido criticado por sus vínculos con el gobierno de Maduro. E incluso en Estados Unidos, figuras progresistas como el congresista Bernie Sanders han sido cuestionadas por no condenar con mayor firmeza al régimen venezolano.
Para Corrales, esta tendencia refleja una "incapacidad de la izquierda para desprenderse de sus raíces autoritarias". Muchos líderes e intelectuales de este espectro político, dice, "siguen viendo en los regímenes dictatoriales un modelo alternativo al capitalismo y la democracia liberal, a pesar de la evidencia de sus abusos".
La negativa a criticar abiertamente a Maduro y otros dictadores de izquierda también obedece, según los expertos, a cálculos políticos. Condenar firmemente a estos regímenes podría alienar a una parte importante de la base electoral de la izquierda.
"Hay un costo político que muchos partidos y líderes de izquierda no están dispuestos a asumir", señala el analista político Ernesto Semán. "Prefieren mantener una posición ambigua o tibia, incluso si eso significa ser cómplices, de alguna manera, de las atrocidades de estos gobiernos".
Este dilema ético y político, concluyen los expertos, refleja una tensión profunda dentro de la izquierda que, hasta ahora, no ha logrado resolver de manera convincente. La incapacidad de romper con las dictaduras sigue siendo un lastre histórico para amplios sectores de este espectro político.











