La victoria de Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile ha abierto un nuevo capítulo en la política del país, con la emergencia de dos corrientes diferenciadas dentro de la izquierda. Por un lado, la socialdemocracia representada por partidos como el PPD, la DC y sectores del PS, que plantean una oposición institucional al nuevo gobierno. Por otro, la izquierda radical encabezada por el Partido Comunista (PC), que hace un llamado a la "movilización permanente del pueblo" sin descartar acciones que vayan más allá de la vía pacífica.
Según el análisis del experto Roberto Munita, director de Administración Pública de la Universidad Andrés Bello, la lectura del Informe al X Pleno del Comité Central del PC "no da lugar a interpretaciones": el partido hace un "explícito llamado a la movilización permanente del pueblo" y, si bien no llama a la violencia, tampoco señala expresamente que dicha movilización deba ser pacífica. Por el contrario, el texto afirma que "no se trata de esperar los ciclos electorales para activar al pueblo, sino de comprender que la disputa electoral es una consecuencia no la causa de la acumulación social y política".
Esta postura contrasta con la anunciada por partidos como el PPD, la DC e incluso sectores del PS, quienes plantean hacer una "federación de partidos o hasta fundar los cimientos de una tienda única socialdemócrata" para oponerse a Kast desde "tribunas institucionales".
Respecto al Frente Amplio, Munita señala que aún no se ha definido, pero que tarde o temprano deberá "hacerse parte en esta disputa, sabiendo que en ella se juega buena parte del futuro de la izquierda".
La división de la izquierda chilena en dos corrientes diferenciadas, una más moderada y otra más radical, augura un escenario político complejo en los próximos años, con la posibilidad de tensiones y conflictos entre ambos sectores. El desafío será encontrar un equilibrio que permita canalizar las demandas sociales sin poner en riesgo la estabilidad democrática.











