Los incendios forestales que azotan a Chile cada verano no son una "anomalía", sino el resultado directo de la forma en que hemos construido nuestro territorio y de la crisis climática, advierten expertas ambientales.
En un artículo publicado en un medio local, la ingeniera ambiental Ignacia Yantén Zúñiga y la geógrafa Claudia Soto Acuña señalan que el problema de fondo es la "gestión del fuego" en un país donde los cerros son mayoritariamente privados y el ordenamiento territorial es prácticamente inexistente.
"Que un cerro sea privado no lo vuelve irrelevante desde el punto de vista del riesgo: el fuego no reconoce cercos ni títulos de dominio", afirman las especialistas. Gestionar los incendios, agregan, exige asumir el problema como de "interés público" y contar con un Estado más presente que regule las parcelaciones y cambios de uso de suelo para evitar nuevos focos de vulnerabilidad.
Las autoras advierten que los incendios forestales no son un "desastre natural", sino el resultado de la forma en que habitamos y regulamos el territorio. "Mientras no cambiemos la forma de habitar y regular el territorio, seguiremos llegando tarde, cuando el cerro ya se está quemando", sentencian.
Más allá de las llamas, los expertos señalan que el fuego deja consecuencias devastadoras, como la contaminación de agua y suelo, la afectación de la salud de niños, adultos mayores y trabajadores rurales, y el deterioro de la salud mental de las comunidades.
Para las especialistas, el desafío de fondo es asumir los incendios forestales como un problema de gestión pública, y no como una "anomalía" que se repite cada verano. Esto implica, entre otras cosas, regular el uso del suelo y promover la prevención comunitaria, ya que la mayoría de los incendios tienen un origen humano.












