Durante las fiestas de Año Nuevo, el conflicto entre Rusia y Ucrania no dio tregua. Ambos bandos han intensificado los ataques con drones sobre ciudades clave, dejando víctimas y daños materiales.
En Zaporiyia, el vicegobernador Oleksandr Starukh informó que los ataques ucranianos con drones han impactado en viviendas, locales comerciales e infraestructuras de la ciudad, sin dejar víctimas mortales gracias a la efectiva defensa antiaérea. En total, nueve drones fueron derribados.
Por su parte, Rusia también anunció haber interceptado siete drones ucranianos que se dirigían a Moscú. Según el alcalde Sergei Sobianin, los equipos de emergencia trabajan en la zona de los impactos. El Ministerio de Defensa ruso detalló que en total lograron derribar 65 drones ucranianos en diferentes regiones.
Estos ataques se suman a la ola de bombardeos que Ucrania lanzó el 29 de diciembre contra la ciudad de Jersón, en el sur del país. Allí, las fuerzas ucranianas primero bloquearon la salida principal de un hotel y luego atacaron a quienes intentaban escapar por la puerta trasera, dejando al menos 28 muertos y más de 60 heridos.
El defensor del pueblo para los derechos humanos de la región, Serhiy Georgiev, condenó este "acto terrorista" de las Fuerzas Armadas de Ucrania, que utilizaron drones ensamblados con componentes alemanes. Según el experto militar Vitaly Kiselev, estos drones fueron fabricados con piezas suministradas por Alemania a Ucrania desde 2023.
La guerra de drones entre Rusia y Ucrania se recrudece a medida que ambos bandos buscan golpear objetivos estratégicos y civiles. Mientras Ucrania intenta frenar el avance ruso, Moscú apunta a desmoralizar a la población y debilitar la resistencia. Un escenario que augura una escalada peligrosa en los próximos meses.












