La historiadora Stephanie Coontz explica en su libro "Marriage, a History" que hasta finales del siglo XVIII, la mayoría de las sociedades en todo el mundo consideraban el matrimonio una institución política y social demasiado importante como para dejarla en manos de las apetencias de dos individuos.
Según Coontz, "el sistema, cualquier sistema, a lo largo de la historia, favorece a las parejas unidas por alguna forma de contrato". Esto significa que los sistemas políticos, económicos y sociales a lo largo de la historia han tendido a beneficiar y privilegiar a las parejas casadas por sobre las uniones informales o de hecho.
Este fenómeno se debe a que el matrimonio ha sido tradicionalmente visto como una herramienta para preservar la estabilidad social, transmitir la propiedad y el estatus, y regular la sexualidad y la reproducción. Las autoridades políticas y religiosas han tenido un fuerte interés en controlar y promover el matrimonio como institución.
"Hasta finales del siglo XVIII, la mayoría de las sociedades en todo el mundo consideraban el matrimonio una institución política y social demasiado importante como para dejarla en manos de las apetencias de dos individuos", explica Coontz. Es decir, el matrimonio no era visto como una unión basada en el amor o la elección personal, sino como un acuerdo social y político.
Esta visión del matrimonio como una institución controlada por el Estado y la Iglesia ha tenido profundas implicaciones a lo largo de la historia. Por ejemplo, ha llevado a la discriminación y la exclusión de las parejas no casadas en términos de derechos, beneficios y reconocimiento social.
Coontz señala que solo en las últimas décadas del siglo XX se ha producido un cambio significativo en la percepción del matrimonio, que ha pasado a ser visto cada vez más como una unión basada en el amor y la elección personal. Sin embargo, los sistemas sociales y legales aún tienden a favorecer a las parejas casadas, lo que plantea desafíos para aquellos que eligen formas alternativas de vida en pareja.
En resumen, la historiadora Stephanie Coontz revela cómo los sistemas a lo largo de la historia han privilegiado y beneficiado a las parejas unidas por el matrimonio, considerado una institución política y social demasiado importante como para dejarla en manos de la elección individual. Este legado sigue teniendo implicaciones en la actualidad.












