En una gélida mañana del 1 de enero, los habitantes de Riofrío de Aliste, Zamora, dieron la bienvenida al 2026 con una escenificación de sus tradicionales mascaradas. Los Diablos y los Carochos, personajes emblemáticos de estas celebraciones, protagonizaron una serie de rituales y representaciones teatrales callejeras que mantienen viva una ancestral tradición en la región.
En el anejo de Sarracín de Aliste, los Diablos, con sus imponentes máscaras y tenazas extensibles, atemorizaron a vecinos y visitantes, exigiendo el aguinaldo. El Diablo grande, con su rostro negro y rasgos demoníacos, encabezó el grupo, acompañado por el Diablo pequeño, de peluca negra y cuernos rojos.
Otros personajes como la Filandorra, Rullón, el Ciego, el Molacillo, el Galán y la Madama completaron el elenco de esta mascarada, protagonizando luchas fingidas, carreras y persecuciones en las calles del pueblo.
A unos kilómetros de allí, en Riofrío de Aliste, la escenificación de Los Carochos tuvo lugar al mediodía. Estos personajes, con sus imponentes cencerros atados a la cintura, anunciaban su llegada con el sonido de sus campanillas. Junto a ellos, los Filandorros y los Guapos también participaron en la representación, escenificando peleas y conflictos.
Estas mascaradas, declaradas Fiestas de Interés Turístico Regional, son solo una muestra de la riqueza y diversidad de las celebraciones de Año Nuevo que se mantienen vivas en la provincia de Zamora. En otras localidades como Sesnández de Tábara y Montamarta, los Carucheros y el Zangarrón también protagonizaron sus propias manifestaciones, demostrando la vitalidad de estas ancestrales tradiciones.
Estas celebraciones, que combinan elementos paganos y cristianos, reflejan la riqueza cultural de la región y su capacidad para preservar y transmitir sus costumbres a través de las generaciones. Un legado que sigue cautivando a propios y extraños en el inicio de cada nuevo año.




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