La capital cubana enfrenta una crisis vial sin precedentes, con calles y aceras en un estado de deterioro alarmante. Un recorrido por la calle Atocha, en el municipio Cerro, revela un panorama desolador que refleja los problemas generalizados en toda la ciudad.
Hace más de dos años, un reportaje de CubaNet ya había denunciado la existencia de un enorme hueco lleno de agua en esa misma calle, donde los niños llegaban a jugar como si fuera una piscina natural. Si bien la avería en la tubería fue reparada, la obra quedó inconclusa y el agujero sigue sin ser rellenado, rodeado por un hierbazal que ha crecido en plena vía.
A pocos metros de distancia, otro hueco se abre paso, dejando ver un riachuelo subterráneo que corre bajo el pavimento. Para salvar el paso, se colocaron vigas de acero a modo de puente, cubiertas con asfalto. Sin embargo, la humedad y el paso de los vehículos han provocado que esta estructura se haya partido, provocando el desplome de la vía hasta el borde de la acera.
El riesgo para peatones y conductores es evidente, especialmente durante los apagones nocturnos, cuando no hay señalización que advierta del peligro. Un vecino relata que hace poco un hombre que empujaba una carretilla cayó en uno de los huecos, afortunadamente sin sufrir heridas graves.
Estos problemas no son exclusivos de la calle Atocha, sino que se repiten por toda la capital cubana sin que se vislumbren soluciones a corto plazo. Hace años, el expresidente Fidel Castro habló de la necesidad de sustituir gran parte del sistema de alcantarillado y los conductos de agua de la ciudad, pero hasta la fecha solo se han ejecutado obras puntuales.
La falta de mantenimiento, la antig edad de las infraestructuras y las constantes roturas provocadas por los propios vecinos han generado un panorama caótico en las calles habaneras. Los baches abundan, pero las brigadas de reparación brillan por su ausencia, ya que los equipos están rotos o descontinuados por falta de piezas de repuesto.
Incluso los esfuerzos por recoger la basura se ven obstaculizados por la escasez de camiones adecuados, lo que obliga a utilizar excavadoras que terminan rompiendo aceras y parterres, generando nuevos huecos que quedan sin reparar.
Ante esta situación, el futuro de las calles de La Habana parece incierto. Sin los medios necesarios para llevar a cabo las reparaciones, que además son extremadamente costosas, la capital cubana corre el riesgo de volver a los tiempos coloniales, cuando las vías eran simples terraplenes de arena y piedra que se llenaban de fango cuando llovía.












