A pesar de la crisis política que marcó el 2025 en Honduras, los habitantes de la capital Tegucigalpa recibieron el año 2026 con una tradicional y estruendosa celebración. Desde antes de la medianoche, las calles se llenaron del bullicio de las carreras de bombas, los juegos artificiales y la quema de pólvora, anunciando la llegada del nuevo año.
En los barrios y colonias de la ciudad, no faltó la quema de monigotes, una tradición que se resiste a morir. Estas figuras representaban a políticos, artistas, deportistas e incluso al presidente, simbolizando los recuerdos que los hondureños querían dejar atrás.
Aunque la venta, comercialización y almacenaje de pólvora está prohibida en el Distrito Central, los capitalinos siempre encuentran la manera de quemar unos cuantos lempiras y darle rienda suelta a esta antigua costumbre.
A pesar de las bajas temperaturas, los cielos de Tegucigalpa se adornaron con espectaculares juegos pirotécnicos que iluminaron la noche. El humo y el estruendo se apoderaron de la ciudad, mientras los habitantes celebraban con la esperanza de que el 2026 fuera un año mejor que el convulso 2025 que les tocó vivir.












