A pocas horas de que se cierre el 2025, los ecuatorianos se preparan para despedir un año marcado por la incertidumbre y la inestabilidad, y recibir con esperanza el 2026. Según el columnista de EL MERCURIO, esta Nochevieja se quemará el año viejo "con una euforia desacostumbrada, conscientes de que termina una época de ingratos recuerdos, llena de zozobra e inseguridad".
La tradición de quemar al año viejo nació en Guayaquil a finales del siglo XIX, luego de una mortal epidemia de fiebre amarilla. Inicialmente, se quemaba la ropa usada durante la enfermedad para evitar contagios, pero con el tiempo se convirtió en una costumbre de despedir el año que terminaba, cargado de malos recuerdos a nivel país o comunitario.
Hoy, esta práctica se ha convertido en un lucrativo negocio para el comercio, que ofrece todo tipo de artículos relacionados con las fiestas de Fin de Año. Sin embargo, para muchos ecuatorianos, esta Nochevieja tendrá un significado especial, pues representa la oportunidad de dejar atrás un período convulso y mirar hacia el futuro con renovadas esperanzas.
El columnista hace un llamado a los lectores a tener "tiempo y ánimo suficiente para despedirnos del año que termina" y a recibir al 2026 "con fortaleza y ganas", conscientes de los desafíos que enfrentaron en el pasado, pero también de cómo deben actuar "para erradicar males y para revivir la voluntad adormecida".
En medio de la euforia y los festejos, los ecuatorianos parecen estar decididos a cerrar un capítulo difícil de su historia y abrazar un nuevo año con la esperanza de que traiga consigo tiempos más prósperos y estables para el país.











