Para Mariano Braga, el vino ha dejado de ser hace tiempo una simple bebida, una colección de etiquetas prestigiosas, una suma de puntajes o un listado de descriptores aromáticos. Tras dedicar más de dos décadas a comunicar el universo vitivinícola, Braga llegó a una conclusión fundamental: el valor real de una botella se manifiesta únicamente cuando existe alguien más del otro lado de la mesa. Esta convicción es la piedra angular de "Seriales Singulares", un proyecto desarrollado en colaboración con la bodega Michelini i Mufatto que busca transformar el acto de abrir un vino en una verdadera conversación.
La propuesta de este proyecto es inusual. En lugar de lanzar una etiqueta individual, Braga diseñó un estuche que contiene dos botellas de Sangiovese, correspondientes a las cosechas 2021 y 2022. El objetivo es que ambos vinos sean descorchados simultáneamente para ser comparados copa a copa. Esta dinámica responde a la visión del sommelier sobre el vino, quien afirma que lo más valioso de esta bebida es que sirve como una excusa para charlar con otra persona. Si bien Braga reconoce que disfruta de una copa en soledad, sostiene que el verdadero ritual emerge al intercambiar impresiones con un tercero, comparando la experiencia del vino con la del mate, donde el acto de compartir es tan importante como la bebida misma.
El proyecto busca ofrecer una experiencia que incluso muchos entusiastas del vino no han tenido: la comparación de dos añadas de un mismo vino en tiempo real. Braga explica que, mientras los sommeliers suelen realizar este ejercicio profesionalmente, el consumidor habitual tiende a abrir una botella y, tiempo después, otra, sin detenerse a compararlas. El estuche de "Seriales Singulares" es, por lo tanto, una invitación explícita a abrirlas juntas. El propósito no es que el usuario elija cuál de las dos prefiere, sino que descubra cómo una misma variedad, cultivada en el mismo terruño y elaborada bajo los mismos criterios, puede presentar perfiles completamente distintos.
La elección de la cepa Sangiovese no fue casual. Braga seleccionó esta variedad precisamente porque obliga a alejarse de los lugares comunes del mercado argentino. Según datos del último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura, existen aproximadamente 1.207 hectáreas de Sangiovese en Argentina, lo que representa apenas el 0,615% de la superficie total de viñedos del país. La relación de Braga con esta uva comenzó hace veinte años, en una época donde encontrar un Sangiovese varietal en Argentina era casi imposible, ya que la mayoría se utilizaba en cortes y pocas bodegas se animaban a embotellarlo como protagonista.
Fue a través de sus viajes a Italia, cuna de referentes como el Brunello di Montalcino y el Vino Nobile di Montepulciano, donde Braga se cautivó por el potencial de la variedad. Para él, el Sangiovese propone un lenguaje distinto al de los vinos potentes como el Malbec o el Cabernet Sauvignon, ofreciendo en su lugar vinos más livianos, tensos y elegantes. Define a esta uva como una obsesión personal, destacando que no gana por fuerza, sino por carácter y por su capacidad de permanecer en la memoria.
La concreción del proyecto surgió durante la pandemia. En una visita a Mendoza, Braga compartió un asado con Gerardo Michelini y su familia, donde mencionó su interés por elaborar un Sangiovese. La respuesta fue inmediata: la bodega contaba con dos hileras de Sangiovese que nunca habían sido vinificadas de forma independiente, pero que poseían un gran potencial. A partir de allí, se produjeron las dos añadas, las cuales fueron guardadas durante varios años para permitir que el vino evolucionara y expresara sus diferencias.
El Sangiovese 2021, proveniente de las fincas Zingaretti y La Cautiva, es el resultado de una vendimia equilibrada y de madurez lenta; se describe como un vino introspectivo con complejidad en capas y 12 meses de crianza en barricas de primer uso de 500 litros. Por el contrario, el Sangiovese 2022, originario íntegramente de la finca Zingaretti, surge de un año más frío y con lluvias cercanas a la cosecha, resultando en un vino más directo, fresco y con una expresión varietal más marcada.
A pesar de liderar la conceptualización, Braga dejó la ejecución técnica en manos del equipo enológico de Michelini i Mufatto, priorizando que cada profesional se dedicara a su área de experticia. El sommelier definió el estilo deseado y consensuó las decisiones para alcanzarlo, pero dejó la elaboración a quienes dominan la técnica.
Finalmente, Braga aclara que no busca que el Sangiovese se convierta en un ícono masivo en Argentina, sino que ocupe su propio lugar para quienes poseen un espíritu curioso y disfrutan explorando perfiles no tradicionales. Su filosofía se mantiene alejada de los discursos técnicos rígidos, insistiendo en que disfrutar de un vino no debe ser un examen, sino una experiencia simple donde lo único importante es si el vino gusta o no.


