La escena comienza con un gesto cotidiano pero cargado de significado. Marianela Núñez entra en la sala de ensayo Frederick Ashton del Royal Opera House de Londres vistiendo una camiseta rosa de Lionel Messi. Sin embargo, al cruzar el umbral, se la quita y la dobla con el mismo esmero y delicadeza con los que se ata las cintas de sus zapatillas de punta. Este ritual marca la transición hacia el mundo de la danza clásica, donde Marianela —o “Nela”, como la llaman cariñosamente en Argentina— se ha consolidado como una de las figuras más prominentes del ballet mundial.
Como primera bailarina del Royal Ballet, Núñez ha conquistado al público no solo a través de un talento extraordinario y un carisma evidente, sino mediante una pasión que, lejos de desgastarse, ha crecido con el paso de los años. Su historia con la danza comenzó en Buenos Aires en 1982. A los 3 años, su madre la llevó a su primera clase en un estudio de ballet en la ciudad de San Martín, provincia de Buenos Aires. Aquel primer contacto fue determinante; según describe la propia bailarina, ese comienzo fue como un "glue" (pegamento) que la unió para siempre a este arte.
A los 6 años, su formación dio un salto cualitativo al ingresar en la escuela del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires. Allí comenzó a forjar la técnica que, diez años más tarde, la llevaría a integrarse al Royal Ballet, una de las compañías más prestigiosas del globo. Hoy, con 44 años y casi tres décadas de trayectoria en la "compañía de sus sueños", Marianela se siente más vigente que nunca, transmitiendo una energía y entrega notables en cada uno de sus ensayos.
En una disciplina donde el dominio absoluto del cuerpo es la norma y muchos bailarines comienzan a considerar el retiro al alcanzar su edad, Núñez se mantiene firme. “Nunca imaginé que, con casi 30 años de carrera, me sentiría tan plena”, confiesa. Su determinación por prolongar su camino en la danza es absoluta, manifestando estar dispuesta a hacer todo lo necesario para extender su trayectoria profesional. Este compromiso se refleja en su preparación actual para el estreno de "Marianela Timeless" en Londres, un espectáculo donde interpretará una selección especial de su repertorio.
La clave de su vigencia reside en una disciplina rigurosa. Detrás de la magia del escenario hay una rutina estrictamente organizada que incluye alimentación cuidada y preparación física constante. Cada mañana comienza con una clase de pilates para proteger su cuerpo, al cual define como su “herramienta de trabajo”. Para Marianela, no basta con las clases de ballet y los ensayos diarios; la visita al fisioterapeuta y la escucha atenta a las señales de su propio cuerpo son fundamentales. Sostiene que el cuerpo debe estar "afinadísimo" antes de bailar para que la técnica pase a segundo plano y pueda surgir la verdadera magia artística.
Su vínculo con el Royal Ballet comenzó en 1998, cuando llegó a Inglaterra con solo 16 años. A los 20 ya había alcanzado el rango de primera bailarina, posición que mantiene hasta la fecha. Durante este tiempo, ha absorbido el distintivo estilo inglés, caracterizado por la musicalidad, el trabajo de pies y los port de bras (movimientos de brazos). No obstante, la bailarina enfatiza que el ballet requiere un equilibrio entre la exigencia de un atleta de alto rendimiento y la sensibilidad de un artista, lo que implica permitirse ser vulnerable y abrirse emocionalmente para interpretar las historias.
En su país natal, el fenómeno ha trascendido lo profesional para convertirse en lo que se ha denominado "Nelamanía". El público argentino mantiene un vínculo humano y positivo con ella, haciendo guardia tras las funciones para saludarla o intentar conseguir sus zapatillas de punta. Marianela planea regresar en diciembre al Teatro Colón para interpretar "El cascanueces", manteniendo vivo ese lazo especial con sus raíces.
El reconocimiento a su trayectoria ha alcanzado niveles institucionales máximos. A principios de 2025, recibió de manos del rey Carlos III la Orden del Imperio Británico por sus servicios a la danza, en una ceremonia en el Castillo de Windsor donde resonaron los acordes de "Por una cabeza" de Carlos Gardel. A pesar de los honores y la cima alcanzada, la argentina no piensa en el retiro. Concentrada en su madurez artística y emocional, su respuesta ante el futuro es simple y contundente: “Bailar, bailar y bailar”.


