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Christopher Nolan redefine el caballo de Troya en su nueva película "La Odisea"

En una secuencia visceral y emocionante, Nolan traslada al público al interior del caballo de Troya para una escena extensa y cruda que expone las condiciones agobiantes y aterradoras de quienes se esconden dentro, subrayando su hambre frenética y animal por triunfar en la batalla.

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Christopher Nolan redefine el caballo de Troya en su nueva película "La Odisea"
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Christopher Nolan ha estrenado en Nueva York La Odisea, una producción que rompe con las versiones tradicionales del mito al centrarse en el horror visceral del interior del caballo de Troya. A través de una perspectiva claustrofóbica y cruda, el director explora el sufrimiento, el hacinamiento y la desesperación de los soldados griegos, transformando un símbolo ornamental en una experiencia aterradora y realista. Protagonizada por Matt Damon, la película es el resultado de una obsesión de veinte años de Nolan por hacer creíble el encierro. Para lograrlo, el equipo técnico y los actores fueron hacinados físicamente dentro de la estructura junto a una cámara IMAX, logrando una tensión orgánica que redefine la representación de este episodio épico en la cultura popular.

El estreno en Nueva York de "La Odisea", la más reciente producción dirigida por Christopher Nolan, estuvo marcado por una puesta en escena imponente en Manhattan. Una estatua de un caballo de casi 12 metros de altura dominó la alfombra roja, siguiendo la estela de otros equinos gigantes que han recorrido Estados Unidos y el Reino Unido para promocionar el filme. Esta imagen, que también protagoniza varios de los carteles oficiales, se ha convertido en el símbolo central de la obra, aunque el poema griego original no detalla exhaustivamente la estratagema mitológica.

Para los espectadores que ya han visto la película, el significado del caballo va más allá de lo ornamental. Nolan ha dedicado una secuencia visceral y cruda para trasladar al público al interior de la estructura. En esta escena, el director expone las condiciones agobiantes y aterradoras que soportaron los soldados escondidos, subrayando una sensación de hambre frenética y un impulso animal por triunfar en la batalla. Según Max Nelson, profesor asociado de estudios griegos y romanos de la Universidad de Windsor en Canadá, esta representación no tiene parangón en la cultura popular. Nelson señaló que no recuerda ninguna otra obra que haya atrapado al público junto a los griegos en el interior del caballo de una manera tan sombría, destacando que las duras condiciones de espera durante días no se habían mostrado previamente en pantalla.

La principal novedad de la propuesta de Nolan radica en la inversión de la perspectiva. Mientras que habitualmente el episodio se narra desde el punto de vista de los troyanos y su dilema sobre qué hacer con el objeto, Nolan centra la tensión en quienes están atrapados dentro. Esta visión es el resultado de una obsesión personal del director británico, quien estuvo vinculado brevemente al proyecto de la película "Troya" (2004) antes de que Wolfgang Petersen asumiera la dirección. En declaraciones a la revista Empire y al diario The Independent, Nolan confesó que llevaba veinte años con la imagen del caballo hundiéndose en la arena grabada en su mente y que dedicó mucho tiempo a pensar cómo hacer que la escena resultara "creíble".

La narrativa de la película, protagonizada por Matt Damon, comienza con el descubrimiento de la estatua por parte de los troyanos, quien la encuentran aparentemente abandonada a la orilla del mar. El personaje de Sinón, interpretado por Elliot Page, convence a los soldados troyanos de que el caballo es una ofrenda de despedida a los dioses, sugiriendo que el ejército griego ha desistido del asedio tras años de lucha. Sin embargo, Nolan opta por un giro narrativo: tras el ingreso del caballo a la ciudad, la acción se desplaza y el espectador no regresa al interior de la estatua hasta unos 45 minutos después. Es entonces cuando Menelao, interpretado por Jon Bernthal, relata a Telémaco (Tom Holland) la experiencia de esconderse allí junto a Odiseo (Damon).

El relato visual de Menelao es aterrador. La película muestra a los hombres ahogándose durante las primeras dos mareas, luchando por respirar a través de cañas mientras el agua subía. La escena describe el hacinamiento en un calor sofocante, donde los soldados se veían obligados a orinar y defecar sobre sus compañeros. La tensión aumenta cuando los griegos deben guardar un silencio absoluto mientras escuchan la ejecución de Sinón y sienten cómo un soldado troyano acuchilla repetidamente el caballo, llegando a herir a uno de los ocultos. Tras ser sacudidos bruscamente al ser izados junto a un templo sagrado, los griegos finalmente se deslizan por una cuerda en la noche, eliminando a los guardias y abriendo las puertas de la ciudad en una secuencia caótica y electrizante acompañada por un ritmo de tambores creciente.

Desde un punto de vista comparativo, Kim Shelton, profesora de la Universidad de California, Berkeley, menciona que, aunque existen múltiples representaciones del mito desde el siglo VII a.C., no hay una versión definitiva. Shelton contrastó la obra de Nolan con versiones anteriores como "Helena de Troya" (1956) y "La guerra de Troya" (1961), donde el caballo aparecía sobre ruedas y las escenas de combate eran más teatrales y sin violencia explícita. Incluso en miniseries como "La Odisea" (1997) y "Helena de Troya" (2003), el espacio interior se presentaba como un lugar amplio y cómodo, lejos del sufrimiento real.

En cuanto a la producción, el realismo de la claustrofobia fue logrado de forma orgánica. Matt Damon reveló a GamesRadar+ que Nolan decidió improvisar la escena, metiendo a los actores, al director y al director de fotografía Hoyte van Hoytema a presión dentro de la estructura junto a una cámara IMAX. John Leguizamo, quien interpreta a Eumeo, expresó su asombro ante el liderazgo de Nolan, destacando que el director no pidió al equipo nada que él mismo no estuviera dispuesto a intentar.

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