La tregua en Medio Oriente ha terminado. El Golfo Pérsico se convierte nuevamente en el escenario de una intensa serie de ataques y contraataques diarios entre Irán y Estados Unidos.
El ejército iraní lanzó misiles y drones contra bases estadounidenses en Jordania, Bahréin y Kuwait. En Qatar, se reportaron explosiones en la capital, Doha, donde un niño resultó herido por metralla. La Guardia Revolucionaria también ejecutó un ataque sorpresa contra el Centro de Mando de Operaciones Especiales en Al-Tanf, Siria, y afirmó haber destruido radares de control aéreo en Omán y un radar marítimo en el estrecho de Ormuz.
En Bahréin, se reportaron impactos en la base de la Quinta Flota y ataques con drones Arash contra la base de Sakhir, afectando presuntamente a aeronaves de reconocimiento.
Por su parte, el Comando Central de Estados Unidos, CENTCOM, respondió con ataques de precisión contra objetivos en la isla de Qeshm y Bandar Abbas. Estas operaciones estadounidenses destruyeron cinco puentes y causaron daños en el aeropuerto de Iranshahr y la estación de tren de Bandar Khamir.
Esta escalada ha paralizado el comercio en el estrecho de Ormuz, la principal ruta mundial de petróleo y gas, provocando un aumento en los precios internacionales de la energía. Mientras Teherán reanuda el bloqueo del estrecho, Washington ha bloqueado los puertos iraníes.
Desde la Casa Blanca, Karoline Leavitt afirmó que el presidente Donald Trump no permitirá acciones hostiles sin consecuencias, aunque mantiene la apertura a la diplomacia. A pesar de la tensión, fuentes iraníes indican que no buscan una escalada que ponga en riesgo el Memorando de Entendimiento de Islamabad, mientras la población civil manifiesta el agotamiento de vivir bajo la amenaza constante de la guerra.
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