El Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C. ha presentado una profunda reflexión centrada en la importancia del "arte de saber preguntar", planteando que esta capacidad no es simplemente un ejercicio intelectual, sino una herramienta fundamental para la convivencia social, el desarrollo educativo y la restauración de la paz interior y colectiva. A través de un análisis que vincula la filosofía, la pedagogía y la espiritualidad, el autor invita a reconsiderar el valor de la interrogante como un puente hacia el entendimiento humano.
El punto de partida de esta reflexión se remonta a la experiencia bíblica de Ana en el templo de Jerusalén, quien oraba en voz baja con labios apenas moviéndose, sugiriendo que el silencio y la introspección son componentes intrínsecos del proceso de comunicación con lo trascendente y con uno mismo. Carrero C. aclara que proponer la importancia de saber preguntar no implica que no haya nada que decir, sino que subraya la necesidad de formular las preguntas de manera correcta.
Para sustentar esta tesis, el autor recurre a figuras del pensamiento global. Cita a Heidegger, quien afirmó que preguntar es un arte, y a Albert Einstein, quien subrayó que lo primordial es no dejar de hacerse preguntas. A estas visiones, el Pbro. Dr. Carrero añade que la clave reside en la correcta formulación de dichas interrogantes. Desde una perspectiva pedagógica, sostiene que la enseñanza de este arte debe iniciarse en las etapas tempranas de la infancia, ya que aprender a preguntar es una forma de mostrar a los niños que son seres sociales y que la existencia humana está intrínsecamente ligada a la relación con los demás.
En el ámbito de la interacción social, el texto enfatiza que toda pregunta debe ser escuchada. Según el autor, el acto de escuchar una interrogante abre la puerta a una cooperación amigable y beneficiosa, la cual resulta indispensable para el sustento y la restauración de la tranquilidad, reconociendo la premisa de que el ser humano no posee el conocimiento absoluto de todas las cosas.
Un aspecto relevante de la reflexión es el tratamiento del dolor. Carrero C. argumenta que el arte de saber preguntar permite comprender que, cuando una persona enfrenta una experiencia dolorosa que la deja sin argumentos, en realidad está madurando una respuesta que no necesariamente debe ser verbal. En este sentido, el autor advierte que tales respuestas no deben ser impuestas, instando a conservar siempre la esperanza del entendimiento mutuo.
Bajo la premisa de que «la educación profundiza el arte de saber preguntar», el autor desglosa tres pilares fundamentales. En primer lugar, señala que no se debe dar la espalda a la paz, incluso cuando parezca estar rota. En segundo lugar, afirma que la enseñanza de este arte impulsa la defensa de la libertad de pensamiento y de expresión, siempre y cuando se haga en sintonía con el bien común y el misterio de la belleza de la vida. Finalmente, sostiene que la capacidad de mirar y comprender no es un don natural, sino una gracia divina que recuerda al hombre que su estancia en la tierra tiene el propósito de dar en la misma medida, o más, de lo que ha recibido.
El autor concluye que el arte de saber preguntar permite tomarse a uno mismo y a los demás con honestidad y seriedad. Al aterrizar estas reflexiones en la coyuntura actual, el Pbro. Dr. Carrero C. hace un llamado especial considerando los momentos cruciales que atraviesa Venezuela. Sugiere que, tanto en las preguntas como en las respuestas, es necesario integrar el sano humor con el tino adecuado.
Finalmente, el texto aclara que el objetivo de estos esfuerzos y juicios no es erigir un «culto al héroe», sino combatir la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, especialmente cuando este se manifiesta con amabilidad. El autor cierra su reflexión afirmando que el arte de saber preguntar no constituye una molestia, sino que es el motor que permite germinar la alegría y el verdadero consuelo, incluso en medio de los silencios profundos y las lágrimas.

