El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció la implementación de un nuevo programa de exámenes para detectar la deficiencia de testosterona entre los integrantes de las fuerzas armadas. Según Hegseth, esta medida es necesaria para que el personal opere en su "mejor estado absoluto", asegurando una máxima preparación psicológica y mental ante las exigencias del campo de batalla moderno.
El programa establece que los exámenes se realizarán anualmente para los miembros del servicio de 30 años en adelante. En el caso de los menores de 30 años, la participación será voluntaria, al igual que cualquier terapia de reemplazo de testosterona que pueda derivarse de los resultados.
Esta iniciativa se alinea con una tendencia dentro del gobierno de Trump, donde funcionarios como el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., abogan por facilitar el acceso a las terapias hormonales. Incluso la FDA ha propuesto flexibilizar los límites de prescripción de geles, píldoras e inyecciones de testosterona.
Sin embargo, la medida ha generado controversia. Expertos médicos debaten la utilidad de realizar pruebas generales, ya que los niveles de la hormona fluctúan durante el día. Además, el Pentágono no ha proporcionado los estudios académicos que respaldan la medida ni ha aclarado si se realizarán exámenes de estrógeno para las mujeres militares en perimenopausia.
En el ámbito político, legisladoras demócratas como Tammy Duckworth y Chrissy Houlahan han criticado el anuncio. Ambas sugieren que la política está influenciada por la denominada "manósfera" y han solicitado que los análisis hormonales se extiendan a todo el personal, incluyendo a las mujeres, para identificar problemas de fertilidad de manera temprana.
Esta decisión ocurre en un contexto donde el uso de sustancias para mejorar el rendimiento ha sido previamente cuestionado en unidades de élite como los Navy SEALs.
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