Una exhaustiva investigación llevada a cabo por la Universidad de la República (Udelar) ha revelado que los acuíferos situados en el noreste de Montevideo, específicamente en la zona de Toledo Chico, presentan un proceso de contaminación crónica derivado de actividades humanas. El estudio, que se extendió durante varios meses analizando la calidad del agua subterránea, resulta crítico dado que esta zona se considera una fuente alternativa potencial de abastecimiento hídrico para la capital uruguaya, especialmente en un contexto de sequías y periodos de escasez cada vez más recurrentes.
El trabajo científico fue desarrollado por un equipo multidisciplinario integrado por especialistas de la Facultad de Ciencias, la Facultad de Química y el Centro Universitario Regional Litoral Norte de la Udelar, y sus resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Journal of Geoscience and Environment Protection. Esta investigación se fundamentó en un estudio hidrogeológico previo, publicado en 2024, donde el mismo equipo ya había logrado identificar y caracterizar las principales fracturas que conforman este acuífero de basamento cristalino.
En esta nueva etapa, los investigadores evaluaron por primera vez la calidad del agua analizando diez perforaciones distribuidas en la zona piloto. El análisis se centró en la detección de bacterias, nitratos, nitritos, amonio y arsénico. Los resultados arrojaron hallazgos preocupantes: en varios de los pozos se detectó la presencia de coliformes fecales y Pseudomonas aeruginosa. Ambos son indicadores claros de contaminación microbiológica y su presencia está estrictamente prohibida en el agua destinada al consumo humano.
Además de la carga bacteriana, el estudio detectó concentraciones elevadas de nitratos en dos de las diez perforaciones, con valores altos en otras muestras. No obstante, los niveles de nitritos y amonio fueron prácticamente inexistentes. Para los expertos, este perfil químico es revelador: el acuífero no ha sufrido un evento de contaminación puntual o accidental, sino que ha recibido aportes contaminantes durante años. El hecho de que los contaminantes permanezcan el tiempo suficiente para completar la transformación natural del nitrógeno, resultando en la acumulación de nitratos, es la prueba técnica de que se trata de una contaminación persistente.
La preocupación se extiende a los riesgos para la salud pública. El estudio advierte que los nitratos, al ser ingeridos, pueden transformarse en nitritos dentro del organismo, provocando metahemoglobinemia. Esta alteración reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, afectando de manera severa y particular a los lactantes. Por otro lado, la presencia de coliformes fecales indica contaminación por materia fecal reciente, mientras que la Pseudomonas aeruginosa puede desencadenar infecciones oportunistas, especialmente en personas con el sistema inmunológico debilitado.
Al investigar el origen de esta degradación, los autores identificaron dos fuentes principales. La primera se encuentra en el saneamiento doméstico. Tras georreferenciar las fosas sépticas de la zona, confirmaron que varios pozos se encuentran a menos de 60 metros de estos sistemas de efluentes; en un caso extremo, un pozo estaba ubicado a tan solo 9,56 metros. La coincidencia entre la cercanía de estas fosas y los pozos con contaminación microbiológica refuerza la hipótesis de que los efluentes domésticos están filtrándose hacia el acuífero debido a que no se respetan los perímetros de protección sanitaria recomendados por la bibliografía técnica.
La segunda fuente de contaminación está vinculada a la actividad agropecuaria. En las proximidades de los pozos donde se hallaron bacterias, se utiliza fertilizante orgánico, específicamente gallinaza. Según el informe, estas prácticas facilitan que el nitrógeno y diversos microorganismos ingresen al agua subterránea a través de la infiltración generada por el riego o las lluvias.
En cuanto al arsénico, el estudio encontró que nueve de los diez pozos se mantienen dentro de los valores guía recomendados por la Organización Mundial de la Salud. A diferencia de los nitratos y bacterias, los investigadores atribuyen la presencia de arsénico a procesos geológicos naturales y no a la intervención humana, sugiriendo que se trata de una lenta recarga desde los sedimentos que actúan como capa confinante sobre el acuífero.
A pesar del diagnóstico negativo, los investigadores mantienen que estos acuíferos siguen siendo una alternativa viable para el futuro abastecimiento de Montevideo, siempre y cuando se tomen medidas correctivas inmediatas. Entre las recomendaciones principales, el equipo de la Udelar sugiere controlar estrictamente la construcción y el mantenimiento de las fosas sépticas, respetar las distancias sanitarias obligatorias, regular el uso de fertilizantes orgánicos y establecer una red de monitoreo permanente para seguir la evolución de nitratos, bacterias y arsénico.
Finalmente, el estudio propone profundizar el conocimiento sobre el movimiento de los contaminantes en el subsuelo y diseñar un plan de remediación exhaustivo antes de intentar utilizar estas aguas para el consumo humano. Los autores concluyen con una advertencia clara: proteger los acuíferos en el presente será mucho más eficaz y económico que intentar recuperarlos una vez que la contaminación haya avanzado. La seguridad hídrica futura de la capital depende, en gran medida, de las decisiones y medidas que se adopten ahora.


