La reconocida chef y empresaria Maru Botana, quien ha consolidado una exitosa trayectoria en la televisión argentina y en el mundo de la gastronomía con sus locales de pastelería y restaurantes, decidió abrirse sinceramente sobre su vida privada. En una reciente entrevista concedida al ciclo "Más minas que mamás", emitido a través del streaming de Resumido, la cocinera compartió detalles íntimos sobre la crianza de sus ocho hijos y la compleja dinámica que mantuvo durante los primeros años de su matrimonio con el ingeniero agrónomo Bernardo Solá.
Durante la charla, conducida por Juana Repetto, Botana rememoró sus inicios como madre, revelando que tuvo a su primer hijo a los 29 años. A partir de allí, la conversación se centró en los desafíos de haber tenido hijos de manera seguida y la posibilidad de que esto hubiera afectado su descanso y bienestar. Fue en este punto donde Maru Botana lanzó una confesión que dejó atónitas a las conductoras del programa: aseguró que, en aquel entonces, su marido no la ayudó en absolutamente nada durante el proceso de crianza.
Para explicar esta situación, la chef detalló la rutina laboral de Bernardo Solá, quien debido a su profesión como ingeniero agrónomo, pasaba gran parte de la semana fuera del hogar. "Berni se iba al campo y aparte no hacía gamba a la noche", explicó Botana, dejando en claro que se encargó sola de la crianza de sus hijos sin contar con el apoyo de su pareja en las tareas cotidianas del hogar.
Al ser consultada por Juana Repetto sobre si en aquel momento naturalizaba el hecho de tener un marido que no colaborara en la crianza, Botana respondió que sí, que lo hizo desde el "momento cero". Según relató, desde que formalizaron la pareja, Solá fue claro sobre su disponibilidad: le advirtió que pasaría su vida yendo al campo, partiendo los martes y regresando los viernes. Maru recordó que, en aquel instante, percibió la situación como un inconveniente, describiendo la noticia con la frase: "uy qué garrón este pibe".
La cocinera profundizó en las dificultades materiales y logísticas que enfrentó, especialmente con su primer hijo. Recordó que vivían en Olivos y que, al no poseer un vehículo propio en aquel entonces —mencionando que ganó su primer auto en el programa "Sábado Bus"—, debía trasladarse en colectivo hacia la Capital Federal con el bebé en brazos para dejárselo a su madre y así poder cumplir con sus obligaciones laborales. Describió esa etapa inicial como un "embole" debido a la soledad con la que transitó el proceso.
Otro punto crítico mencionado fue el periodo del postparto. Ante la pregunta de si Bernardo Solá alguna vez había dejado de ir al campo para acompañarla durante las semanas posteriores al nacimiento de sus hijos, Botana fue tajante al responder que no. Incluso recordó anécdotas sobre sus visitas al médico, donde ella le advertía la posibilidad de que el bebé naciera ese mismo día, a lo que él respondía cuestionando la seguridad de esa información y recalculando el tiempo que le tomaba llegar, diciendo: "Mira que tengo tres horas".
A pesar de estas revelaciones sobre la falta de apoyo presencial de su esposo, Maru Botana reflexionó sobre su vínculo con la maternidad. Sinceró que, para ella, la maternidad es un proceso tan intrínseco a la mujer que, aunque considera que es positivo que el padre esté presente, siente que el vínculo es principalmente suyo y de su hijo. Definió la maternidad como "la mayor felicidad del mundo" y destacó lo gratificante que resulta ver crecer a sus hijos y compartir la vida con ellos, calificando la experiencia como algo "muy fuerte" y hermoso.
Finalmente, la conversación giró hacia la estabilidad de su matrimonio, que ya alcanza los 29 años. Ante la pregunta de Repetto sobre cómo logró mantener la relación a pesar de las dificultades, Botana admitió que no es un camino fácil y que las crisis son constantes. Sin embargo, reveló un factor sorprendente que ayudó a preservar la unión: la distancia provocada por el trabajo de su marido.
Según Botana, el hecho de que Bernardo se ausente de lunes a jueves evita que tengan conflictos, ya que durante esos días ni siquiera hablan. Esta dinámica de separación temporal terminó favoreciendo la relación en el ámbito íntimo. La chef concluyó la entrevista confesando que, cuando finalmente se reencuentran los fines de semana, la pasión se intensifica, describiendo esos encuentros como un "fogonazo".


