La capital venezolana, Caracas, comienza a experimentar un retorno gradual a sus rutinas cotidianas tras los potentes terremotos que afectaron el norte del país con apenas unos segundos de diferencia. En las calles se percibe un incremento progresivo en la circulación de vehículos y diversos comercios han retomado sus actividades. Centros comerciales, gimnasios y peluquerías han vuelto a abrir sus puertas, aunque una parte considerable de estos establecimientos opera todavía bajo horarios reducidos.
Un aspecto notable en la dinámica urbana es la fluidez del tráfico vehicular, que habitualmente representa uno de los problemas más críticos de la ciudad. Actualmente, el flujo de coches es más ligero de lo normal, especialmente durante las horas pico, debido a que las actividades escolares continúan suspendidas en toda la ciudad.
En el ámbito laboral, el regreso a las oficinas ha sido parcial. El impacto de los sismos dejó daños en diversos edificios, lo que ha obligado a varias compañías a trasladar sus operaciones temporalmente a otras sedes mientras se llevan a cabo las evaluaciones técnicas necesarias para garantizar la seguridad de los espacios.
La situación en los edificios residenciales es similar, donde el proceso de retorno ha sido lento y cauteloso. Existen zonas con acceso restringido mientras equipos de especialistas revisan las estructuras afectadas. Para gestionar este proceso, las autoridades han implementado un sistema de semáforo que determina cuáles inmuebles pueden ser ocupados. En ciertos casos, solo se han autorizado reparaciones menores, tales como la corrección de grietas, el arreglo de frisos o la atención de daños superficiales, mientras que aquellas estructuras que requieren obras mayores permanecen a la espera de una evaluación detallada.
El temor persiste entre los habitantes, manifestándose particularmente en el uso de los ascensores. A pesar de que ya se han iniciado las inspecciones para reactivarlos en algunos edificios, muchos vecinos optan por utilizar las escaleras, temiendo que una nueva sacudida pueda dejarlos atrapados.
Sin embargo, la realidad es drásticamente distinta a unos 30 kilómetros de la capital. El estado La Guaira ha sido declarado zona de desastre, siendo una de las regiones más golpeadas por los sismos ocurridos el pasado 24 de junio. En esta zona costera, numerosas familias enfrentan una profunda incertidumbre sobre su futuro habitacional tras haber perdido sus viviendas.
Las cifras oficiales reflejan la magnitud de la catástrofe. Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, informó que hasta la semana pasada se registraban 189 edificios totalmente colapsados en todo el país. De ese total, 158 estructuras se encontraban ubicadas en el estado La Guaira.
En Caraballeda, anteriormente un destino turístico popular, Mercedes Osuna, una mujer de 40 años y empleada de la empresa estatal Hidrocapital, intenta reconstruir su vida. Osuna, quien ya era madre soltera antes del desastre, quedó a cargo de cuatro niños tras perder a su hermana Olga, de 39 años. Olga se encontraba embarazada de gemelas al momento del colapso del edificio donde vivía.
Mercedes relató los días de angustia que pasó buscando a su hermana entre los escombros, hasta que finalmente logró ubicarla para despedirse y proceder a su cremación. Actualmente, Mercedes vive en un refugio junto a sus dos hijas y sus sobrinos, Damián y María.
Damián, de 13 años, recordó el momento exacto del sismo: "Pasa el primer terremoto y me caigo. Después viene el otro, bum, bum, bum, durísimo. El edificio se me venía encima". El joven logró sobrevivir corriendo hacia la carretera, aunque pasó un día entero sin saber el paradero de su familia hasta que se reencontró con su tía. El impacto emocional ha sido severo; Damián ha perdido el contacto con la mayoría de sus amigos de la infancia y ahora intenta adaptarse a la vida sin su madre. Especialistas sugieren que su refugio en el fútbol, deporte que practica en el refugio, es su mecanismo para enfrentar la tragedia.
Por su parte, María, de 10 años, sobrevivió al colapso del apartamento porque se encontraba en la parte posterior de una habitación, donde una puerta amortiguó la caída de los bloques. Desde entonces, la niña presenta cuadros de ansiedad, pregunta constantemente por su madre y se sobresalta ante cualquier ruido fuerte.
En los refugios, las familias reciben alimentación y atención psicológica, apoyo que Mercedes Osuna ha calificado como excelente. A pesar de ello, la necesidad más urgente es la vivienda. Aunque la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aseguró que el Gobierno entregará soluciones habitacionales antes de finalizar el año, analistas consultados por CNN advierten que esta promesa podría ser difícil de cumplir dada la compleja situación económica del país y las limitaciones para ejecutar proyectos de vivienda a corto plazo.


