Granit Xhaka, el capitán de Suiza, ha dejado de lado su perfil desafiante para rendirse ante la figura de Lionel Messi. A tres días del choque por los cuartos de final del Mundial, el mediocampista helvético admitió que frenar al astro argentino será una misión casi imposible.
Xhaka definió como un privilegio jugar en la era de Messi y ser parte de su historia, calificándolo como uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. El capitán aseguró que no sabe si podrán detenerlo durante 90 o incluso 120 minutos, aunque dejó claro que Suiza no llegará al estadio con un papel contemplativo. Su objetivo es mostrar la personalidad del equipo y hacer que el encuentro sea extremadamente difícil para Argentina.
Este tono conciliador contrasta con el estilo de liderazgo de Xhaka, quien durante el torneo ha sido una de las voces más fuertes del plantel, exigiendo disciplina y pies en el suelo a sus compañeros. Bajo su conducción, Suiza ha logrado resultados contundentes, derrotando a Bosnia y Herzegovina, Canadá y Argelia, además de eliminar a Colombia por penales para instalarse entre los ocho mejores del mundo tras 72 años.
En lo personal, Xhaka vive un torneo especial. Al anotar frente a Bosnia, se convirtió, junto a Xherdan Shaqiri, en uno de los únicos suizos en marcar en tres Copas del Mundo diferentes: 2014, 2018 y 2026. Con 150 partidos internacionales, es el jugador con más presencias en la historia de su selección.
Tras pasar por clubes como el Arsenal y el Bayer Leverkusen, el futbolista sorprendió al elegir al Sunderland como destino para 2025, buscando experiencias valiosas para su futura etapa como entrenador. Ahora, el capitán suizo enfrenta el reto de neutralizar a la leyenda que admira para mantener vivo el sueño mundialista.
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