Vender el fruto de años de esfuerzo para evitar una tragedia mayor. Esta es la dura realidad que enfrentan actualmente los ganaderos de la región de Azuero.
En distritos como Parita, Pesé, Las Tablas y Macaracas, los productores están acudiendo a las subastas ganaderas con una urgencia clara: reducir el tamaño de sus hatos. No lo hacen por deseo de abandonar la actividad, sino por la necesidad de proteger lo poco que pueden sostener en sus fincas ante una prolongada sequía que ha dejado los potreros sin agua y sin pasto.
La situación se ha agravado durante el mes de julio, el cual ha transcurrido prácticamente sin lluvias en gran parte de la región, acelerando el secado de los terrenos y reduciendo la disponibilidad de alimento para los animales.
Tony Cigarruista, un pequeño productor de Parita, comenta que decidió quedarse únicamente con tres animales, una cantidad que considera que puede alimentar con el terreno disponible, evitando así poner en riesgo todo su patrimonio.
Por su parte, Leonardo Ojo Cruz, productor de Sabana Grande de Pesé, advierte que el fuerte verano y las intensas brisas hacen cada vez más difícil alimentar al ganado. Según su experiencia, la decisión de vender es fundamental para evitar que los animales mueran en el potrero.
Aunque las subastas ganaderas representan una oportunidad para obtener un buen precio por el ganado, detrás de cada transacción hay una historia de sacrificio y la esperanza de que las lluvias regresen antes de que la situación empeore.
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