Romelu Lukaku ha logrado inscribir su nombre en los libros de historia de la Copa del Mundo de una manera particular. El delantero belga se ha convertido en el primer jugador que anota tres goles saliendo como suplente en una misma edición del torneo, consolidándose como la pieza clave en la hoja de ruta de su selección hacia las fases finales.
Este éxito llega en un momento de redención personal para el atacante. El último recuerdo de Lukaku en un Mundial estaba marcado por el dolor y la frustración tras aquel fatídico encuentro contra Croacia en Qatar, partido que sentenció la eliminación de Bélgica en la fase de grupos. A pesar de ser el máximo goleador histórico de su selección con 93 dianas, el jugador sentía que tenía una cuenta pendiente que no pudo saldar completamente en la pasada Eurocopa, pero que ahora parece estar resolviendo en el presente certamen.
Sin embargo, el camino hacia este estado de gracia no ha sido sencillo. Su temporada en el Nápoles ha estado llena de altibajos. Aunque fue una pieza fundamental para conquistar el Scudetto en la campaña 24-25, registrando 14 goles y 10 asistencias, su continuidad se vio truncada a mediados de agosto. Una lesión en el muslo lo mantuvo apartado de los terrenos de juego con una previsión de baja hasta finales de año, un contratiempo que obligó al club italiano a buscar alternativas en el mercado y cerrar la incorporación de Rasmus Hojlund.
Durante ese periodo, el entrenador Antonio Conte mantuvo una postura firme al afirmar que, incluso sin Lukaku, no había excusas para el equipo. El Nápoles logró salvar la temporada ganando la Supercoppa y asegurando su clasificación para la próxima Champions League, pero la aportación individual de Lukaku fue mínima. El delantero solo disputó 74 minutos repartidos en siete encuentros, anotando un único gol en el tiempo de descuento durante la victoria frente al Hellas Verona.
Esta situación generó tensiones internas. El foco de Lukaku estaba puesto exclusivamente en la Copa del Mundo, lo que provocó roces con la directiva napolitana. Durante el parón de marzo, el jugador se negó a regresar al club para recuperarse de sus problemas físicos, prefiriendo hacerlo en Bélgica tras ser convocado por Rudi García. En aquel momento, Lukaku declaró: "Nunca le daré la espalda al Nápoles. Pero, en este momento, necesito asegurarme de que estoy al 100% físicamente". Finalmente, una vez certificado el pase a la Champions, el club le permitió volver a Bélgica en mayo para terminar su puesta a punto.
Pese a su falta de ritmo competitivo, Rudi García decidió incluirlo en la convocatoria mundialista, siendo el único delantero centro puro de la lista. El técnico francés admitió que no podía dejarlo fuera, aunque reconoció que estaba recuperado pero fuera de forma, dudando incluso de su capacidad para ser titular. Por su parte, Lukaku mostró una madurez inusual al aceptar su rol. En una entrevista con DH Les Sports, confesó que le comunicó a la federación que no asistía al Mundial con la idea de empezar los partidos, añadiendo que, aunque tiene ego, lo deja a un lado en beneficio del equipo.
Su impacto en el torneo ha sido progresivo. Tras mostrar destellos en amistosos contra Croacia y Túnez, debutó contra Egipto entrando a falta de 25 minutos; en ese encuentro, provocó el gol en propia puerta de Hany que rescató un empate. Aunque su posterior titularidad contra Irán fue discreta, su rendimiento como revulsivo ha sido clínico. Marcó y asistió en la goleada ante Nueva Zelanda, anotó el gol que inició la remontada frente a Senegal y selló el triunfo contra Estados Unidos en el tiempo añadido, asegurando el pase a cuartos de final.
La efectividad de 'Big Rom' es sorprendente: ha necesitado solo tres disparos para anotar sus tres goles. Ahora, Bélgica se prepara para enfrentar a España, una selección que llega a los cuartos de final sin haber encajado un solo gol y concediendo muy pocas ocasiones. No obstante, el estado de forma y la capacidad decisiva de Lukaku representan un desafío serio para la defensa española.


