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Tragedia en Montevideo: El asesinato de Delmira Agustini, la voz que desafió su época

Delmira Agustini tenía apenas 27 años cuando su exmarido, Enrique Job Reyes, la citó en una habitación del centro de Montevideo, le disparó en la cabeza y luego se suicidó. Fue una revolucionaria de la poesía hispanoamericana y escribió sobre el amor y el deseo femenino como nadie

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Tragedia en Montevideo: El asesinato de Delmira Agustini, la voz que desafió su época
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Delmira Agustini, la voz más audaz del modernismo rioplatense, fue asesinada en 1914 por su exesposo Enrique Job Reyes en un encuentro fatal en Montevideo. Lo que durante décadas fue romantizado como un crimen pasional es hoy reconocido como uno de los primeros femicidios emblemáticos de la región, motivado por la incapacidad del agresor de aceptar la autonomía de la poeta. A sus 27 años, Agustini dejó un legado literario revolucionario que desafió las convenciones sociales y religiosas de su época. A través de obras como Los cálices vacíos, situó el deseo y el erotismo femenino en el centro de su poesía, abriendo el camino para generaciones de escritoras latinoamericanas.

El 6 de julio de 1914, la ciudad de Montevideo fue escenario de un suceso que trascendió la crónica policial para convertirse en un símbolo de una época. El asesinato de Delmira Agustini, una de las escritoras más extraordinarias de América Latina, expuso con una crudeza estremecedora la violencia que podía ocultarse tras una relación amorosa.

El crimen ocurrió en una habitación alquilada para un encuentro privado en la calle Andes, en pleno centro de la capital uruguaya. Allí, Enrique Job Reyes le disparó dos veces en la cabeza a la poeta. Instantes después, el agresor apoyó el arma sobre su propia sien y se quitó la vida. La noticia generó una conmoción inmediata que recorrió Uruguay y cruzó el Río de la Plata, impactando en los principales círculos literarios de Hispanoamérica.

Detrás de esta escena final se encontraba la historia de una autora que había revolucionado la poesía modernista. Delmira Agustini escribió sobre el deseo femenino con una libertad impensada para los comienzos del siglo XX, desafiando convenciones sociales, religiosas y culturales en un tiempo donde las mujeres estaban destinadas al silencio. Paradójicamente, quien encontró una voz tan poderosa en la literatura no pudo escapar de una violencia que la convertiría en una figura trágica de la historia rioplatense.

Nacida el 24 de octubre de 1886 en Montevideo, Agustini creció en el seno de una familia acomodada, siendo hija única de Santiago Agustini y María Murtfeldt. Su infancia estuvo marcada por el afecto y una vigilancia celosa de sus padres, quienes fomentaron su inclinación por el arte. Desde temprana edad demostró una inteligencia precoz y sensibilidad, destacando en la lectura, el dibujo, la pintura y la música. Recibió una educación poco habitual para las mujeres de su tiempo, estudiando piano y francés, con una formación orientada tanto a las artes como al intelecto.

La poesía surgió en su vida como un impulso natural. A los dieciséis años ya publicaba poemas en periódicos y revistas, combinando delicadeza formal con una intensidad emocional que rompía los moldes tradicionales. Influenciada por el modernismo de Rubén Darío, desarrolló una voz propia enfocada en el interior del ser humano, abordando el amor, la pasión, el deseo y la muerte.

Su trayectoria literaria fue ascendente. En 1907 publicó su primera obra, El libro blanco, seguida en 1910 por Cantos de la mañana. Sin embargo, fue Los cálices vacíos, editado en 1913 con prólogo de Rubén Darío, el libro que la consolidó como una figura fundamental del modernismo en lengua española. Darío quedó impactado por la potencia de sus poemas, donde el erotismo se expresaba desde una perspectiva femenina inédita, despertando tanto elogios como críticas feroces en una sociedad conservadora.

En el plano personal, la vida de la poeta tomó un rumbo trágico cuando comenzó su relación con Enrique Job Reyes, un hombre de buena posición económica. Aunque el noviazgo fue celebrado por ambas familias y parecían la pareja ideal, existían diferencias profundas. Mientras Delmira mantenía una intensa vida intelectual y correspondencia con grandes escritores, Job Reyes esperaba una esposa dedicada exclusivamente al hogar.

La boda se celebró el 14 de agosto de 1913, pero la convivencia se deterioró rápidamente. Tras cincuenta y tres días de matrimonio, marcados por discusiones y reproches, Delmira abandonó el hogar y regresó con sus padres. En junio de 1914, obtuvo legalmente el divorcio, una decisión extraordinaria y socialmente difícil para la época.

A pesar del divorcio, mantuvieron contactos ocasionales, ya fuera por cuestiones económicas o por la insistencia de él en retomar la relación. Este vínculo fue el que llevó al encuentro fatal del 6 de julio.

Durante décadas, la prensa calificó el hecho como un “crimen pasional”, romantizando la violencia. No obstante, hoy existe un consenso entre historiadores y especialistas en género para considerarlo uno de los primeros femicidios emblemáticos del Río de la Plata: una mujer asesinada por un hombre incapaz de aceptar su autonomía y la decisión de finalizar el matrimonio.

A pesar de su muerte a los 27 años, el legado de Delmira Agustini permaneció. Gracias a la recopilación de manuscritos y borradores, se publicaron póstumamente El rosario de Eros y Los astros del abismo. La poeta rompió barreras infranqueables al situar el cuerpo y el deseo en el centro de su obra, abriendo un camino que décadas más tarde recorrerían otras autoras latinoamericanas.

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