¿Es descontento popular o simplemente "cubaneo cubano"? Esta es la pregunta irónica que plantea el escritor y lingüista Rodolfo Alpízar frente a las recientes declaraciones del presidente Miguel Díaz-Canel.
Alpízar denuncia la doble vara del régimen cubano. Según el escritor, mientras la prensa oficial describe los cacerolazos en otros países como "manifestaciones de descontento popular", el mandatario cubano calificó las protestas internas como una expresión de la idiosincrasia nacional, bautizándolas como "cubaneo cubano".
Llevando esta lógica al absurdo, Alpízar cuestiona si, en caso de producirse cacerolazos en Argentina u otras naciones, el régimen también los llamaría "cubaneo argentino" en lugar de reconocer el descontento social.
Esta minimización ocurre en un contexto de crisis profunda. El propio Díaz-Canel admitió la escasez de transporte, alimentos, medicamentos y apagones prolongados, aunque atribuyó la totalidad de la crisis al embargo estadounidense.
Sin embargo, los datos reflejan una realidad crítica. El 25 de junio, el déficit de generación eléctrica afectó a cerca del 70% del país. El Observatorio Cubano de Conflictos registró 1,311 protestas en mayo de 2026 y 107 en junio, cifra que representa un récord histórico.
La respuesta del Estado ha sido la militarización, cortes de internet y operativos policiales. Cubalex documentó al menos 38 arrestos en junio, incluyendo a seis menores de edad.
A nivel económico, el panorama es igualmente grave: la CEPAL proyecta una contracción del PIB cubano del 6,5% para 2026, la peor de toda América Latina. Mientras el régimen afirma que no se rendirá, las voces críticas y la realidad en las calles denuncian un cinismo frente al sufrimiento del pueblo.
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