Estados Unidos se enfrenta este lunes a Bélgica en los octavos de final de la Copa del Mundo 2026. Si logra avanzar, el equipo llegará a cuartos de final por segunda vez en la era moderna, esta vez jugando en casa y bajo una atención masiva. El triunfo previo ante Bosnia reunió a 33.5 millones de espectadores, una cifra que superó incluso a las Finales de la NBA de 2026.
El escenario es Seattle, una ciudad fundamental en la historia del fútbol estadounidense. Don Garber, comisionado de la MLS, señala que la respuesta de los aficionados en Seattle en 2009 fue el detonante para expandir la liga hacia mercados como Nueva York, Atlanta y Los Ángeles, dotando al deporte de una permanencia que no tenía hace décadas.
Dentro del plantel, la carga simbólica es alta. Jugadores como Tyler Adams y Christian Pulisic forman parte de una "generación dorada" criada en un entorno globalizado, con acceso a academias profesionales y experiencia en clubes europeos de élite. A diferencia de la plantilla de 2002, este grupo busca establecer un legado propio que trascienda la expectativa del momento.
El entrenador Mauricio Pochettino ha adoptado la consigna "¿Por qué no nosotros?", inspirada tras observar la masiva asistencia a los partidos de fútbol americano universitario. Para Pochettino, el objetivo principal es lograr una conexión profunda entre la selección y los aficionados, más allá de los resultados deportivos.
A pesar del optimismo, queda el reto de convertir el interés del Mundial en un seguimiento permanente del campeonato local. Aunque la MLS ha aprobado cambios de calendario y estructura para 2027, Garber advierte que el Mundial no es una "bala de plata", sino un escalón más en el crecimiento gradual del deporte en el país.
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