¿Imaginas tener que caminar seis kilómetros solo para hacer una tarea escolar? Esta era la realidad de muchos estudiantes en la Región de Ñuble, una de las zonas más afectadas por la brecha digital en Chile.
Mientras que el promedio nacional de conectividad alcanza el 93,2%, en Ñuble solo el 87% de los hogares tiene acceso a internet, situándose entre las tres regiones con menor conectividad del país. Según la Universidad de Concepción, esto no es solo un dato técnico; es una barrera que limita el acceso a la educación, el trabajo y la participación social.
El problema no es solo la falta de antenas, sino la calidad del servicio. En diversas localidades rurales, la conexión depende de la telefonía móvil, lo que ha llevado a la Subtel a fiscalizar a empresas operadoras en siete comunas de la región.
Para revertir esta situación, el Sistema de Naciones Unidas y el Gobierno Regional de Ñuble implementaron el programa “Comunidades Conectadas”. A la fecha, ya se han habilitado 31 puntos de conectividad digital en sectores rurales, superando la meta inicial.
El impacto es inmediato. En Cobquecura, docentes reportan que el aprendizaje ahora es sincrónico, eliminando la necesidad de trasladarse kilómetros para buscar información. En San Ignacio, productores locales destacan que la señal permite a los jóvenes estudiar sin desplazamientos extenuantes.
El programa ahora entra en una fase crucial: la capacitación. Se busca fortalecer las capacidades digitales de mujeres rurales y grupos excluidos para mejorar la productividad y el acceso a servicios. Ejemplos de esto son ya las experiencias de telesalud en el Hospital Comunitario de El Carmen y el impulso productivo en la cooperativa Marrón Andino.
La conectividad digital se plantea hoy no como un lujo, sino como un derecho esencial para la inclusión y el desarrollo sostenible.
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