El Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha reportado una serie de movimientos telúricos de magnitud leve a moderada que afectaron diversas regiones del territorio nacional durante los días 26 y 27 de junio de 2026. De acuerdo con los comunicados oficiales emitidos por el organismo, la actividad sísmica se concentró principalmente en las zonas de Piura, Ayacucho, Apurímac, Amazonas y Arequipa, sin que se registraran daños materiales ni personales hasta el momento.
Durante la jornada del 26 de junio, se contabilizaron tres eventos sísmicos. El primero ocurrió a las 01:05 horas, con epicentro localizado a 23 kilómetros al este de Chulucanas, en Morropón, Piura. Este sismo alcanzó una magnitud de 3.9 y una profundidad de 74 kilómetros, registrándose una intensidad de II-III. Posteriormente, a las 04:31 horas, se detectó un segundo movimiento de magnitud 4.0 en la región Ayacucho, específicamente a 11 kilómetros al sur de Soras, en la provincia de Sucre, con una profundidad de 111 kilómetros. Finalmente, por la tarde, se registró un sismo de magnitud 3.8 al noroeste de Chuquibambilla, en la provincia de Grau, Apurímac, situado a 4 kilómetros del centro poblado y con una intensidad II.
La actividad continuó el 27 de junio con dos reportes adicionales. A las 11:22 horas, el Centro Sismológico Nacional informó sobre un sismo de magnitud 4.0 en la región Amazonas, con epicentro a 96 kilómetros al norte de Santa María de Nieva, en la provincia de Condorcanqui, y una profundidad de 12 kilómetros. Más tarde, a las 19:04 horas, se reportó un evento de magnitud 3.4 en la región Arequipa, localizado a 18 kilómetros al noroeste de Vitor, con una profundidad de 24 kilómetros e intensidad II en dicha localidad.
Ante esta actividad, el IGP ha enfatizado la necesidad de mantener la calma y seguir estrictamente las indicaciones de los organismos de emergencia. Las autoridades recomiendan que, durante un sismo, las personas se ubiquen en áreas protegidas dentro de sus viviendas, tales como columnas principales, marcos de puertas reforzados o junto a muebles robustos que brinden resguardo contra la caída de objetos. Asimismo, se insta a evitar la proximidad a ventanas, espejos o cualquier elemento frágil que pueda romperse. Para quienes se encuentren en espacios exteriores, la indicación es alejarse de postes, cables eléctricos y edificaciones que presenten inestabilidad.
En cuanto a la movilidad, el protocolo advierte que no se deben utilizar ascensores ni descender por las escaleras de manera apresurada, ya que son zonas de alto riesgo. Para los conductores de vehículos, la recomendación es detenerse en un sitio seguro, evitando estacionar bajo puentes o dentro de túneles. Una vez finalizado el movimiento telúrico, es fundamental realizar una inspección de posibles fugas de gas, agua o fallas eléctricas, notificando cualquier daño estructural a las autoridades competentes y recurriendo únicamente a fuentes oficiales para evitar la propagación de rumores.
La prevención es un pilar fundamental en la gestión del riesgo. En este sentido, el IGP resalta la importancia de contar con una mochila de emergencia equipada para las primeras horas posteriores a un desastre. Este recurso debe incluir agua potable, alimentos no perecibles, linterna, radio portátil a pilas con baterías adicionales, botiquín de primeros auxilios, copias de documentos importantes, dinero en efectivo, un silbato y una manta térmica. Además, se sugiere incorporar mascarillas, alcohol en gel, toallas húmedas, medicamentos de uso regular y un cargador portátil. Se recomienda revisar y actualizar el contenido de esta mochila cada seis meses.
Complementariamente, el desarrollo de simulacros es vital para fortalecer la resiliencia ciudadana. Estas prácticas permiten reconocer rutas de evacuación y zonas seguras, fomentando la coordinación entre vecinos, centros de trabajo e instituciones educativas. La repetición periódica de estos ejercicios ayuda a identificar falencias en los planes de contingencia y memorizar acciones críticas, lo que optimiza la respuesta ante una emergencia real.
El Perú, debido a su ubicación geográfica dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, está expuesto a una actividad sísmica constante. El IGP mantiene un sistema de monitoreo continuo apoyado en equipos técnicos y científicos distribuidos estratégicamente, lo que permite emitir alertas oportunas y analizar patrones sísmicos para mejorar la protección de la ciudadanía. La educación sísmica y la cultura de prevención son, según el organismo, los factores determinantes para reducir el impacto de estos fenómenos naturales.


