El fútbol mexicano se prepara para un momento de máxima relevancia. Este jueves se perfila como un día histórico para la selección nacional, que hará su debut en la Copa Mundial de la FIFA 2026, torneo en el cual el país vuelve a desempeñar el papel de anfitrión. En medio de esta atmósfera de expectación, Javier “Vasco” Aguirre, actual director técnico del equipo, ha compartido sus reflexiones sobre la magnitud de este evento y la responsabilidad que conlleva guiar al plantel en suelo propio.
Durante una conferencia de prensa celebrada en el Estadio Ciudad de México, ampliamente conocido como el Estadio Azteca, el entrenador de 67 años enfatizó la singularidad de esta oportunidad para los futbolistas. Según Aguirre, los jugadores del Tri deben ser conscientes de la rareza de este escenario, afirmando que difícilmente vivirán otro Mundial jugando en casa. Esta perspectiva subraya la importancia emocional y profesional que representa para cualquier deportista representar a su nación ante su propio público en la cita máxima del fútbol.
La conexión de Aguirre con este evento es profunda y personal. El estratega no solo llega al banquillo como entrenador, sino que posee el recuerdo vívido de haber sido parte de la historia como jugador. Fue uno de los 11 integrantes del equipo que, en 1986, saltó al césped del Coloso de Santa Úrsula durante la inauguración de aquel Mundial en territorio azteca. Al rememorar aquel periodo, el “Vasco” destacó la seguridad y la confianza con la que el equipo enfrentó a Bélgica, un duelo que terminó con una victoria de 2-1 para México y que dejó una huella de optimismo en el grupo.
Ahora, cuatro décadas después, Aguirre retorna al escenario donde vivió aquel éxito, aunque esta vez lo hace desde el banquillo técnico, cargo que ocupa por tercera vez en su trayectoria profesional. Con el bagaje acumulado en estos años, el mexicano aseguró que la lección más valiosa que ha aprendido es la capacidad de transmitir confianza a sus dirigidos. Para el entrenador, es fundamental que los jugadores sientan que puede ser un buen día para ellos y que, independientemente del resultado, contarán con el apoyo incondicional de la afición, describiendo el evento como una fiesta que perdurará por muchas décadas.
En cuanto a la preparación táctica para el debut contra Sudáfrica, Aguirre reveló que ya tiene definido el once inicial que saltará al terreno de juego. No obstante, aclaró que aún no ha mantenido conversaciones individuales con los once elegidos. El técnico destacó que los 26 jugadores convocados están sumamente ilusionados y que la elección del equipo se basó en seleccionar a futbolistas preparados para cualquier eventualidad que se presente durante el encuentro, con el objetivo de que el esfuerzo se refleje en el marcador final tras los 90 minutos.
Respecto al rival, el entrenador manifestó un respeto profundo hacia Sudáfrica, recordando que en el Mundial 2010 ambos equipos empataron 1-1. Aguirre fue tajante al señalar que en el fútbol actual no existen rivales pequeños, evitando cualquier tipo de subestimación hacia el equipo africano.
A pesar de su optimismo y de reiterar que la selección tricolor posee todas las herramientas para comenzar el torneo con el pie derecho, el “Vasco” reconoció la existencia de factores externos que escapan a su control. Entre ellos mencionó la posibilidad de que llueva durante el partido, que el equipo contrario anote el primer gol o la ocurrencia de alguna infracción determinante. Ante estas incertidumbres, señaló que otra de las lecciones aprendidas en su carrera ha sido el desarrollo de la tranquilidad emocional y la paz interna.
Finalmente, Aguirre reflexionó sobre la volatilidad de la profesión y la percepción pública. Consciente de que los primeros 90 minutos podrían convertirlo en el héroe o el villano de la historia deportiva de México, el técnico afirmó que no busca darle demasiadas vueltas al asunto. Admitió que en su labor son muy difíciles los términos medios y que el resultado final está fuera de su alcance individual, siendo lo primordial que el grupo de jugadores cumpla con su trabajo. Cerró sus declaraciones con una nota de realismo sobre el paso del tiempo, reconociendo que, si México vuelve a ser anfitrión de un Mundial en otros 40 años, él ya no estará presente.


