Washington y Teherán están negociando, pero no hablan el mismo lenguaje. Mientras Estados Unidos ve el conflicto a través del prisma del poder y las sanciones, Irán lo hace a través de la posesión.
Históricamente, Teherán ha utilizado rehenes humanos para forzar concesiones. Hoy, el rehén no es una persona, sino una arteria económica vital: el Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.
El asesor militar iraní, Mohsen Rezaei, ha sido claro: el estrecho permanecerá cerrado a menos que Washington libere 24 mil millones de dólares en activos congelados. Para Irán, esta es una negociación de rehenes a escala global, donde la economía mundial es la moneda de cambio.
Por su parte, el presidente Donald Trump busca asfixiar la economía iraní mediante un bloqueo naval para generar costos insoportables para Teherán. Sin embargo, el núcleo duro del gobierno iraní cree que Washington no podrá soportar la presión macroeconómica más tiempo que ellos.
La amenaza es severa: si el bloqueo persiste, Irán advierte que expandirá la guerra al Océano Índico, el estrecho de Bab el-Mandeb, el Mar Rojo y el Mediterráneo, tomando así más "rehenes" comerciales.
Washington se enfrenta ahora a tres opciones: resistir el aumento de los precios de la gasolina mientras espera un colapso interno en Irán, ceder y pagar la suma exigida, o intervenir militarmente para controlar el estrecho, asumiendo el riesgo de una guerra regional.
Sin un cambio en el apalancamiento, las conversaciones permanecen estancadas. El cálculo de Teherán es simple: mantener el activo y esperar.
Suscríbete a Noticias lat para más noticias.
