¿Extrañamos realmente el fútbol de antes o solo su sencillez? Existe una tendencia humana a adorar el ayer, pero la realidad técnica es distinta. En 1930, Nolo Ferreira, capitán argentino, llegó a viajar en barco para rendir un examen de notario público en medio del Mundial. En 1953, jugadores como Ángel Berni recibían una sola camiseta para todo el torneo y debían lavarla ellos mismos. No había utileros ni cambios; hasta 1970, si un jugador se lesionaba, el equipo terminaba el partido con diez hombres.
La comunicación también era elemental. En el Mundial de 66, la televisión no transmitía los partidos al instante, sino días después. El diario y la radio eran los reyes. Hoy, contamos con estadios refrigerados, VAR y transmisiones en alta definición con 42 cámaras.
Incluso leyendas como Bobby Charlton reconocieron que hoy la técnica individual es mejor, la pelota es más ligera y los pases son más instintivos. Si bien Pelé deslumbró en 1958, lo hacía frente a marcadores menos atléticos y en un juego de baja intensidad, sin presión y basado en el libre albedrío.
El fútbol ha evolucionado en todas sus dimensiones. Las camisetas limpias, sin publicidad, y los jugadores accesibles crean una nostalgia bellísima, pero el juego actual es infinitamente superior en proezas técnicas y goleadoras. Lo que extrañamos es el romanticismo de una época que no volverá, mientras disfrutamos de un deporte más competitivo donde hoy muchos más equipos tienen posibilidades reales de ser campeones. Suscríbete a Noticias lat para más noticias.


