El presidente Donald Trump ha anunciado una inversión de 700 millones de dólares para fortalecer la industria del carbón en Estados Unidos. Estos fondos, asegurados a través del Acta para la Defensa de la Producción de 1950, que otorga poderes de emergencia al presidente, se destinarán a mantener abiertas 42 minas y 14 plantas en diez estados, además de la construcción de dos nuevas plantas y una terminal de exportación.
Trump, quien ha calificado el cambio climático inducido por humanos como "un engaño" y se refiere al combustible como "carbón limpio y hermoso", ha buscado eliminar diversas regulaciones ambientales desde su regreso a la Casa Blanca. Esta medida se suma a una orden ejecutiva firmada el pasado 11 de febrero, en la cual instruyó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, a celebrar contratos de suministro a largo plazo con las centrales termoeléctricas del país.
Desde la perspectiva del gobierno, el secretario de Energía, Chris Wright, sostiene que el carbón es una fuente crítica tanto para la electricidad como para la industria estadounidense. Sin embargo, los datos muestran una tendencia distinta. Según la Administración de Información Energética, el carbón representó el 17% de la generación eléctrica en 2025 y se prevé que su uso disminuya un promedio del 5% anual hasta 2027.
A nivel global, Estados Unidos es la única potencia que ha aumentado sustancialmente su generación de carbón, según el Monitor de Energía Global. Mientras tanto, las Naciones Unidas advirtieron que las temperaturas promedio globales podrían alcanzar niveles récord en los próximos cuatro años. Simon Stiell, jefe para el Cambio Climático de la ONU, señaló que la quema de combustibles fósiles es la principal culpable, siendo el carbón el combustible que emite los mayores niveles de gases de efecto invernadero.
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