¿Es posible transformar por completo la visión sobre el envejecimiento después de los 60 años? Pamela Quayle es un ejemplo real de ello. Durante décadas, Pamela siguió un patrón común: priorizó el trabajo, la familia y sus obligaciones personales, dejando la actividad física en un plano secundario y practicándola solo de forma irregular y en los pocos intervalos que su agenda permitía.
El punto de inflexión ocurrió durante la pandemia, cuando tenía 63 años. Al mudarse para estar más cerca de sus hijos y nietos, recibió una propuesta de su hija: entrenar juntas a través de un programa online guiado por un entrenador personal. Pamela aceptó la invitación, aunque inicialmente lo hizo más como un favor hacia su hija que por una motivación personal genuina. Sin embargo, esa decisión marcaría el inicio de una transformación profunda.
El camino no fue sencillo. Ambas comenzaron a entrenar cinco días a la semana con una rutina de cuerpo completo que alternaba el uso de mancuernas para las extremidades superiores e inferiores. Pamela relata que las sesiones eran intensas y que experimentó dolores musculares como nunca antes había sentido. Además, al ser un programa diseñado para su hija —quien tiene menos de la mitad de su edad—, Pamela se vio en la necesidad de adaptar ejercicios específicos, tales como las flexiones y los agachamientos búlgaros.
Hoy, a los 68 años, Pamela ha evolucionado desde aquellos primeros dolores musculares hasta el dominio de ejercicios como el levantamiento tierra. Quien jamás imaginó levantar pesas se ha convertido en una apasionada del entrenamiento de fuerza, logrando transformar no solo su cuerpo, sino también su comprensión sobre lo que significa envejecer.
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