¿Quién controla el futuro de la inteligencia artificial? Dos visiones opuestas chocan en el debate sobre una tecnología que representa una transformación histórica comparable a la Revolución Industrial, alterando nuestra forma de vivir, trabajar y pensar.
Por un lado, Alexander Karp, CEO y fundador de Palantir, plantea el desafío desde una perspectiva geopolítica. Su preocupación es que Estados Unidos y sus aliados pierdan la carrera tecnológica y militar frente a China y otros competidores. Por ello, Karp critica a las empresas tecnológicas que desperdician su talento en redes sociales o entretenimiento en lugar de colaborar intensamente con la industria militar. Para él, la paz es el resultado de que los enemigos reconozcan la superioridad militar de Estados Unidos.
En contraste, el papa León XIV, en su encíclica Magnificat Humanitas, plantea un desafío ético basado en la dignidad humana. El pontífice advierte contra la automatización de la guerra y rechaza delegar decisiones morales finales a sistemas algorítmicos, haciendo un llamado a “desarmar la IA”. Desde su visión, la paz se logra mediante la diplomacia y el multilateralismo.
El punto crítico es que la tecnología no es neutral. Los algoritmos reflejan los intereses y estructuras de poder de quienes los diseñan. Existe el temor de que la concentración de datos y capacidad computacional en pocas empresas o países genere un nuevo colonialismo digital, con nuevas formas de dependencia y desigualdad.
Así, se enfrentan dos modelos de desarrollo: uno basado en la cooperación, la solidaridad y el bien común, frente a otro centrado en la concentración del poder y la extracción de riqueza. Mientras el Papa defiende el primero, Karp apuesta por el segundo, modelo que actualmente va ganando terreno.
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