Un estudio reciente, divulgado por la presidencia brasileña de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Cambios Climáticos de 2025 (COP30) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), ha revelado que la gran mayoría de las ciudades brasileñas aún no han iniciado, o se encuentran apenas en las etapas iniciales, de la elaboración de planes de acción para hacer frente al fenómeno del calor extremo.
Esta investigación se enmarca en la iniciativa denominada "Mutirão Contra o Calor Extremo", la cual integra la plataforma global conocida como la Coalición por el Resfriamiento. Actualmente, esta red reúne a 258 ciudades en todo el mundo, de las cuales 105 se encuentran en territorio brasileño. El estudio específico analizó la situación en 53 ciudades de Brasil, evidenciando que, si bien el tema es percibido como relevante por las autoridades, existe una brecha considerable para convertir esa percepción en una capacidad de respuesta efectiva y tangible.
Los datos presentados en el levantamiento muestran una contradicción entre la preocupación de los gestores y la ejecución de medidas. El 93% de los administradores municipales clasifican el calor extremo como un problema relevante, y el 68% lo sitúan entre los tres desafíos locales más importantes. No obstante, esta preocupación no se refleja en la gestión técnica: el 75% de las ciudades no utiliza datos de manera estructurada para fundamentar las decisiones sobre este tema, y solo el 42% cuenta con sistemas de información geográfica que permitan mapear los riesgos asociados a este fenómeno.
En términos financieros, la vulnerabilidad es aún más marcada, ya que el 85% de los municipios dependen de recursos externos para poder implementar cualquier medida de adaptación. Esta dependencia económica limita la autonomía de las ciudades para ejecutar acciones urgentes y sostenibles en el tiempo.
Respecto a las medidas ya adoptadas, el estudio indica que las acciones se concentran primordialmente en soluciones basadas en la naturaleza. En el 77% de los municipios participantes se han implementado estrategias como la arborización urbana, la creación de parques, la instauración de áreas sombreadas, la construcción de techos verdes y la restauración de zonas húmedas. Sin embargo, existe un vacío significativo en cuanto a las estrategias de resfriamiento pasivo en edificaciones y espacios urbanos. Medidas técnicas como la ventilación cruzada, el uso de pavimentos permeables, el aislamiento térmico y la aplicación de materiales reflectivos están presentes en el 21% o menos de las ciudades analizadas.
La fragilidad administrativa también se extiende a los procesos de adquisición del Estado. Según el estudio, más de el 80% de los municipios no han desarrollado criterios de compras públicas sostenibles orientados al resfriamiento urbano. Esto sugiere que el combate al calor extremo aún no ha sido incorporado de manera transversal en las políticas estructurales de gestión pública.
Desde el punto de vista técnico, los investigadores subrayan que el calor extremo no debe entenderse simplemente como "un día muy caluroso". Se define como una situación en la que, durante dos o más días consecutivos, el calor acumulado durante el día no logra disiparse durante la noche. Este fenómeno afecta no solo al cuerpo humano, sino también a las edificaciones, los sistemas de suministro de agua, la red energética y la agricultura, incrementando los riesgos para la salud pública y la operatividad de las urbes.
La gravedad de la situación es respaldada por alertas del Pnuma, que señala que este fenómeno provoca aproximadamente medio millón de muertes anuales a nivel global. En el caso específico de Brasil, entre los años 2000 y 2020, las olas de calor estuvieron vinculadas a cerca de 50 mil fallecimientos en regiones metropolitanas, una cifra que supera el número de víctimas causadas por inundaciones y deslizamientos de tierra en el mismo periodo.
Ante este escenario, Ana Toni, CEO de la COP30, ha enfatizado que la adaptación a esta realidad exige una colaboración estrecha entre los diversos sectores de la sociedad y los diferentes niveles de gobierno, contando con el respaldo tanto nacional como internacional. El "Mutirão Contra o Calor Extremo", creado en 2025, tiene como objetivo apoyar a los municipios en la creación de diagnósticos, planes de acción y estrategias de financiamiento para fortalecer la resiliencia urbana.
De cara al futuro cercano, el estudio revela que, en los próximos 12 a 18 meses, el 51% de las ciudades participantes pretende desarrollar políticas municipales completas sobre la materia, mientras que el 28% planea ejecutar intervenciones en las áreas más vulnerables. Se estima que estas acciones podrían beneficiar a aproximadamente 7 millones de personas, de un total de 50 millones de habitantes que residen en las ciudades involucradas en la iniciativa.


