Donald Trump ha firmado un decreto sobre inteligencia artificial que prevé la posibilidad de que el gobierno controle los modelos más avanzados en nombre de la ciberseguridad. Este movimiento representa un giro conservador para una administración que, hasta ahora, se había opuesto a cualquier regulación para mantener la competitividad frente a China.
El contexto cambió a principios de año con el modelo Mythos de Anthropic, cuya capacidad para exponer vulnerabilidades en sistemas de bancos, gobiernos y hospitales generó alarma. Ante este riesgo, el decreto establece un marco regulatorio consensuado con empresas insignia como Google, OpenAI y Anthropic. Estas compañías someterán de manera voluntaria sus modelos a un examen gubernamental antes de su lanzamiento, aunque el texto precisa que esto no instaura un control previo obligatorio.
Como medida operativa, el Departamento del Tesoro, la Agencia de Seguridad Nacional y la CISA formarán un “centro de coordinación de ciberseguridad de IA” para rastrear vulnerabilidades y priorizar correcciones. Sam Altman, director de OpenAI, señaló que el decreto encuentra el balance correcto para mantener el liderazgo estadounidense y dejar las herramientas de seguridad en manos de defensores de confianza. Por su parte, Google calificó la medida como un paso importante para detener a actores maliciosos.
El proceso no estuvo exento de tensiones. Trump canceló una versión previa el 25 de mayo, alegando que no quería comprometer la ventaja frente a China, tras la influencia de su exasesor David Sacks. La versión final es casi idéntica a la anterior, pero con un ajuste crítico: el periodo de examen voluntario se redujo de 90 a 30 días. Sacks justificó este cambio asegurando que, en la carrera por la IA, cada día cuenta.
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