La fiebre de las Copas del Mundo siempre tiene la capacidad de abrir el baúl de los recuerdos y despertar profundas añoranzas en el corazón de los aficionados y los protagonistas. Para el fútbol paraguayo, este sentimiento es particularmente agudo, considerando que la selección nacional ha pasado 16 años sin participar en una cita mundialista. No obstante, los momentos de gloria y las experiencias vividas en el campo de juego permanecen guardados en la retina de quienes formaron parte de aquellas gestas.
En este contexto de nostalgia, Alicia Ramírez, esposa del exfutbolista Nelson “Pipino” Cuevas, compartió una serie de anécdotas y reflexiones sobre el paso de su pareja por los escenarios más importantes del fútbol mundial. En una entrevista concedida a Crónica, Ramírez relató detalladamente cómo se vivió el proceso y la emoción durante la Copa del Mundo de Alemania 2006, un periodo marcado por la ilusión y la incertidumbre.
Según relató Alicia, durante la preparación para el certamen de 2006, existía una duda persistente sobre la convocatoria de Nelson Cuevas. En aquel momento, cuando eran novios, se percibía una incógnita sobre quién ocuparía el lugar en la plantilla, mencionando que el estilo de juego de “Pipino” ponía en duda su presencia frente a otros jugadores, específicamente señalando que la duda recaía entre él y el futbolista conocido como el “Tigre” Ramírez.
A pesar de la incertidumbre, el entorno familiar mantuvo una fe inquebrantable. Alicia recordó que en el hogar la atmósfera estaba cargada de entusiasmo y emoción a flor de piel. En medio de esa tensión, destacó el papel de su suegra, Ña Tora, quien brindaba apoyo constante a su hijo con palabras de aliento. “Ani rejepy’apy che memby: Los últimos serán los primeros”, solía decirle, instándolo a no preocuparse y a confiar en que el reconocimiento llegaría.
Esta frase cobraba un sentido especial debido a una particularidad que se repetía en las convocatorias: cada vez que se publicaba la nómina de seleccionados, el nombre de Nelson Cuevas era el último en ser mencionado. Lejos de generar angustia, este hecho se convirtió en una tradición familiar que culminaba en una explosión de felicidad. Para Alicia, representar al país en un Mundial es la experiencia más hermosa que puede atravesar un atleta, y aseguró que toda la familia celebró con alegría desbordante cuando se confirmó la participación del jugador.
En cuanto al desempeño deportivo, Nelson Cuevas dejó una huella tangible en la historia de los mundiales con la Albirroja, sumando un total de tres goles. Sus primeros dos tantos fueron anotados en el año 2002, durante el enfrentamiento contra Eslovenia. Posteriormente, en el Mundial de Alemania 2006, ya compartiendo su vida con Alicia, convirtió un gol contra Trinidad y Tobago. Alicia recordó aquel día con especial afecto, señalando que el grito de gol fue intenso y sentido por todo el núcleo familiar.
Al analizar el perfil técnico de su pareja, Ramírez describió a Cuevas como un jugador que, si bien no destacaba por ser alguien grande o mbarete, poseía una habilidad y rapidez notables. Lo definió como un futbolista explosivo, capaz de cambiar el rumbo de un partido gracias a sus cualidades individuales, describiendo la experiencia de verlo jugar como algo hermoso.
Sin embargo, el punto más reflexivo de la charla surgió al analizar el Mundial de Sudáfrica 2010. Aunque Paraguay alcanzó una instancia avanzada en aquel torneo, Alicia Ramírez expresó una opinión que no había manifestado anteriormente. Según su perspectiva, si la selección hubiera contado con la presencia de Salvador Cabañas y Nelson Cuevas, el resultado podría haber sido distinto, sugiriendo que el equipo habría podido hacer podio.
Ramírez mencionó que, si bien es sabido lo que ocurrió con Salvador Cabañas, considera que la combinación de ambos jugadores habría cambiado la historia, especialmente considerando que la selección llegó muy lejos en aquel torneo a pesar de haber tenido una baja producción de goles. Esta ausencia fue particularmente dolorosa para Ña Tora, quien sintió profundamente que su hijo no fuera convocado para chutar por la selección en 2010, a pesar de que, según la descripción de Alicia, el jugador “volaba” en aquel entonces.
Actualmente, el fútbol paraguayo transita por un camino de sabores agridulces y asignaturas pendientes, manteniendo vivo el deseo de regresar a la máxima cita mundialista y sumar, finalmente, la primera estrella en el pecho de su casaca.


