A través del Suplemento Tres Mil, se ha dado a conocer el contenido de una obra inédita y sin fecha del escritor Salarrúe, titulada "La Ventana". El texto, presentado por Rafael Lara-Martínez, Profesor Emérito de New Mexico Tech, ofrece una profunda inmersión en las reflexiones existenciales del autor, quien explora la naturaleza de la conciencia, la relación entre el creador y su creación, y la búsqueda de la armonía personal.
En el manuscrito, el narrador comienza describiendo una sensación de desprendimiento físico, describiendo su cuerpo como un "cascarón" dejado entre las sábanas. A partir de este punto, se desarrolla una tesis sobre la conciencia, a la cual define no como un punto de irradiación, sino como una "esfera de contención". Esta percepción lleva al autor a descubrir una naturaleza esférica de su propio ser, donde el mundo objetivo parece estar contenido dentro de él, aunque reconoce que las cosas del mundo no son obra suya.
Salarrúe establece una distinción clara entre sus personajes inéditos y la realidad objetiva. Mientras que los personajes ficticios están sujetos totalmente a su voluntad —pudiendo ser modificados, castigados o perdonados a deseo del escritor—, los seres y objetos del mundo real persisten independientemente de su pensamiento o presencia. Esta impotencia ante la realidad externa es descrita como uno de los dolores más grandes de su vida, al no poder sujetar el destino de los demás a su albedrío para mejorar el mundo.
El texto profundiza en la relación del hombre con la divinidad. El autor se percibe a sí mismo como un personaje creado por un "desconocido Dios", pero al mismo tiempo reconoce ser un invento de sí mismo. Para alcanzar la liberación absoluta y obligar a su "autor" divino a soltar su vida, el narrador propone la estrategia de vivir como un hombre "anti-humano". Según el escrito, ser anti-humano consiste en dejar de ser gregario, ignorar los convencionalismos sociales y dejar de calcular la opinión ajena para permitir que se externe el ángel o el demonio interior.
En este proceso de sinceridad, Salarrúe reflexiona sobre la "humanización" como una forma de enmascaramiento. Plantea que, en un mundo donde todos utilizan mascarillas sociales, aquel que se muestra sincero y sin máscara es quien termina siendo visto como el enmascarado. Esta búsqueda de honestidad lo lleva a una conclusión metafísica: la idea de que "Yo soy Yo porque yo soy Dios", sugiriendo que cada hombre es, en esencia, el mismo creador y que todos los seres están interconectados.
El manuscrito también aborda la psicología de la personalidad y la timidez. El autor describe la personalidad como un nudo formado por dos cabos opuestos: el erecto-instinto (alma animal) y la intuición (alma divina). Define la timidez como la "agonía de la Personalidad", un balbuceo de muerte y vergüenza antes de que el espíritu encuentre su verdadera casa.
Finalmente, la obra utiliza la metáfora de un instrumento musical, específicamente un laúd, para explicar la desarmonía humana. El autor analiza que la felicidad no depende simplemente de hacer lo que agrada, ya que descubre que existe una diferencia fundamental entre "desear" y "querer". Para resolver esta desarmonía, identifica que el ser humano está compuesto por cinco cuerdas o dimensiones: el cuerpo material, el cuerpo nervioso, las emociones, los pensamientos y las intuiciones.
El texto concluye con la reflexión sobre la necesidad de encontrar el "diapasón" o la cuerda precisa que permita afinar este instrumento humano, evitando que la vida se convierta en un "gemido hiriente" y transformándola en una melodía de felicidad. Esta obra inédita revela una faceta introspectiva y filosófica de Salarrúe, centrada en la lucha por la autonomía espiritual y la integración del yo.

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