Benjamin Netanyahu ha dado una instrucción clara a las Fuerzas de Defensa de Israel: tomar el control del 70% del territorio de Gaza. En una reciente entrevista, el primer ministro afirmó que actualmente controlan el 60% del enclave, tras haber avanzado desde un 50% previo.
Este movimiento ocurre en un contexto de alta tensión sobre el acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025. Según dicho pacto, las fuerzas israelíes debían retirarse hasta la denominada “línea amarilla”, que abarcaba el 53% de Gaza. Sin embargo, Hamas ha denunciado que Israel modificó esta demarcación para afianzar su control militar, calificando la acción como una violación grave del acuerdo y un intento de imponer nuevos hechos sobre el terreno.
El plan de desescalada, impulsado por el presidente Donald Trump, se encuentra estancado. Nickolay Mladenov, funcionario encargado de la implementación del acuerdo, advirtió que, de no haber avances, la línea amarilla podría transformarse en una separación permanente o un muro.
El costo humano sigue siendo crítico. El Ministerio de Salud Pública palestino reporta más de 850 muertes en Gaza desde el inicio del alto el fuego. Por su parte, Israel ha mantenido ataques contra líderes de Hamas, eliminando a Izz al-Din al-Haddad y a su sucesor. El ministro de Defensa, Israel Katz, reiteró que todos los responsables de la masacre del 7 de octubre están condenados a muerte.
La situación permanece bloqueada: Hamas se niega a desarmarse, requisito indispensable para la retirada gradual de Israel y el despliegue de una fuerza de seguridad internacional que, hasta el momento, no cuenta con un calendario definido. Mientras tanto, la anexión de más territorio obliga a millones de palestinos a vivir en espacios cada vez más reducidos y devastados.
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