La selección mexicana de fútbol se prepara para escribir una nueva página en su historia durante el 2026, al convertirse en la primera escuadra en disputar tres Copas Mundiales de la FIFA en calidad de anfitriona. Este escenario plantea un panorama donde la localía podría jugar a favor del equipo tricolor, considerando que sus mejores participaciones históricas ocurrieron precisamente cuando México fue la sede, logrando alcanzar los cuartos de final en dos ocasiones.
En el certamen de 1970, el equipo dirigido por Raúl Cárdenas fue eliminado con un marcador de 4-1 frente a Italia. Posteriormente, en 1986, bajo la conducción de Bora Milutinović, el Tri llegó nuevamente a la ronda de cuartos, quedando fuera tras una tanda de penales ante la República Federal de Alemania. Esta última edición representa el único momento en que la selección logró disputar cinco partidos en un solo Mundial, un hito que no se ha repetido desde entonces, ya que los resultados posteriores han oscilado entre eliminaciones en octavos de final, salidas en fase de grupos —como sucedió en Qatar 2022— o la incapacidad de clasificar, como ocurrió rumbo a Italia 1990 debido al escándalo de los “cachirules”.
La posibilidad de volver a ser sede ha renovado las esperanzas de la afición por alcanzar nuevamente los cuartos de final o superar esa marca. No obstante, el análisis técnico revela un panorama mixto. Una de las ventajas más evidentes es la clasificación automática, lo que libera a la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) de la presión del torneo clasificatorio de la Concacaf. Aunque México suele liderar el ranking de dicha confederación, no ha estado exento de dificultades, como sucedió en el camino a Brasil 2014, cuando fue necesario derrotar a Nueva Zelandia en un repechaje intercontinental.
Sin embargo, existe una preocupación respecto a que la ausencia de un proceso clasificatorio pueda reducir el nivel de exigencia y competencia del equipo. Tras la eliminación en fase de grupos en Qatar 2022, que fue el peor resultado desde Argentina 1978, avanzar directamente al Mundial podría no ser la estrategia ideal para elevar el rendimiento deportivo.
En los últimos tres años y medio, la selección ha intentado borrar el mal sabor de boca de Medio Oriente obteniendo dos títulos de la Copa Oro (2023 y 2025) y un trofeo de la Liga de Naciones de la Concacaf (2024-2025), consolidándose como la potencia de Norteamérica y Centroamérica. En términos de preparación, la federación ha organizado amistosos contra potencias como Portugal y Bélgica, encuentros que terminaron en empate. No obstante, el cierre de la preparación incluye duelos contra selecciones con un ranking FIFA inferior, como Ghana (74), Australia (27) y Serbia (39), lo que deja la interrogante sobre si este nivel de oposición será suficiente para compensar la falta de partidos clasificatorios.
Respecto a la fase de grupos, el sorteo ha sido favorable para el Tri, que integrará el Grupo A junto a Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa. Ninguno de estos rivales es considerado favorito para el título y todos ocupan posiciones inferiores en el ranking FIFA en comparación con México (15), siendo Corea del Sur la 25, República Checa la 41 y Sudáfrica la 60. México ya tiene historia con estos rivales: empató con Sudáfrica en la inauguración de 2010, venció a Corea del Sur en 1998 (3-1) y 2018 (2-1), y derrotó a la entonces Checoslovaquia en Chile 1962 con un marcador de 3-1.
El camino posterior dependerá del desempeño en el grupo. Si México finaliza como líder, se medirá ante el tercer lugar de los grupos C, E, F, H o I. Si queda segundo, enfrentará al segundo del Grupo B, que podría ser Canadá, Qatar, Suiza o Bosnia y Herzegovina. A pesar de que la fase inicial luce accesible, el desafío real aparece en los octavos de final, donde podrían cruzarse con candidatos fuertes como Inglaterra, Croacia, Países Bajos, Brasil o Marruecos.
La infraestructura también será un factor determinante. El Estadio Azteca, con su altitud de 2,240 metros sobre el nivel del mar, representa un reto físico para los rivales no acostumbrados. Asimismo, el equipo jugará en Guadalajara, donde la altitud de 1,700 metros y la familiaridad de los jugadores de la Liga MX con el recinto serán ventajas adicionales. Sin embargo, la presión de la afición es un arma de doble filo; los abucheos recibidos tras el empate con Portugal en la reinauguración del Azteca sugieren que la exigencia del público será extrema durante el Mundial.
Finalmente, la dirección técnica estará a cargo de Javier Aguirre, quien vivirá su tercer Mundial como entrenador. El "Vasco" conoce la presión de la localía, pues fue parte de la plantilla que llegó a cuartos en 1986 como jugador. Como técnico, ya llevó a México a octavos en 2002 y 2010. Desde su regreso en julio de 2024, suma un balance de 15 victorias, cuatro derrotas y ocho empates, además de los títulos regionales recientes.
El reto de Aguirre será equilibrar la renovación del plantel con la experiencia. Mientras busca integrar jóvenes talentos, es probable que cuente con figuras como el portero Memo Ochoa, quien podría convertirse en el primer mexicano en jugar seis Mundiales tras la lesión de Luis Malagón. Junto a él, Rafael Márquez se desempeña como auxiliar técnico, perfilándose como el posible sucesor para el ciclo de 2030. El éxito de este proceso determinará si México logra romper la barrera del "quinto partido" o si se repite la decepción de ediciones anteriores.

